El viaje a Jerusalén



51Ycuando iba a cumplirse el tiempo de su partida, Jesús decidió firmemente marchar hacia Jerusalén Lucas (9,51).


9, 51   Jesús decidió firmemente marchar hacia Jerusalén


La exaltación se refiere a la pasión, resurrección y ascensión. "Cuando iba a cumplirse el día de su partida, Jesús decidió firmemente marchar a Jerusalén". Esto significa que, una vez soportada la pasión salvadora en favor nuestro, vendría el tiempo en que ascendería al cielo para morar con Dios Padre; por ello decidió subir a Jerusalén. Esto es lo que a mi parecer significa aquel "decidió firmemente". Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 56.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 239-240
Director de la edición en castelano
Marcelo Merino Rodríguez

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¿Quién es el mayor?


46Les vino al pensamiento cuál de ellos sería el mayor. 47Pero Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, acercó a un niño, lo puso a su lado 48y les dijo: "El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado; pues el menor entre todos vosotros, ése es el mayor. 49Entonces dijo Juan: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y se lo hemos prohíbido, porque no viene con nosotros". 50Y Jesús le dijo: "No se lo prohibáis, pues el que no está contra vosotros con vosotros está" Lucas (9, 46-50).

Jesús como palabra de Dios hecha carne, conoce los pensamientos de los apóstoles en relación a quién de ellos será el mayor. Como buen médico de las almas, Él amputa sus deseos de vanagloria, poniendo delante de ellos como ejemplo a un niño pequeño. El niño representa un modelo de sencillez e inocencia. Ser como Cristo es ser el menor. La reprensión de Juan puede suponer un signo de que la envidia ha brotado entre los discípulos. Lo mismo que Moisés y los setenta ancianos de Israel, los discípulos necesitaban aprender que el poder de Dios sobre Satanás va más allá de ellos mismos. Cirilo de Alejandría.

9, 46-50   Acercó a un niño y lo puso a su lado


La pasión, es decir, el deseo de vanagloria, invadió a alguno de los bienaventurados apóstoles. Ciertamente el pensar que uno es más importante que los otros es propio de una persona ambiciosa y del que está por encima de los demás. Pero no se durmió el que debía servir, o sea, Cristo; vio en la mente del discípulo ese pensamiento como "una raíz amarga que brotaba", según está escrito; vio la cizaña como cultivada por el mal sembrador y antes de que creciera más, antes de que echara una raíz profunda y tomara posesión del corazón, cortó el mal por la misma raíz... ¿Cómo amputa el médico espiritual la pasión del deseo de gloria? ¿Cómo libró al discípulo amado de ser presa del diablo y de hacerse odioso ante Dios y los hombres? "Tomó un niño -dice [el evangelista]- y lo puso delante a su lado". Hizo esto para beneficiar tanto a los santos apóstoles como a nosotros después de ellos. Esta enfermedad arraiga generalmente en todos los hombres, pero de manera especial en los superiores a los demás. Cirilo de Alejandría, Comentario al Evangelio de Lucas, 54.


Un modelo de simplicidad e inocencia. ¿De qué era tipo la imagen del niño? De vida inocente y humilde no deseosa de nada; [el niño] tiene un alma sincera, un corazón sin engaño y de pensamiento llano; no codicia la alabanza y desconoce lo que significa estar por encima de nadie, al contrario no rehúye el pensar que es inferior ni rechaza a nadie que sea superior...
   Como he dicho, Cristo puso ante sí y junto a Él a este niño como figura de la sencillez y de la inocencia; de esta manera mostraba que Él recibía y amaba a los que son como el niño y, lo repito, estarán junto a Él los que hayan querido aprender sus mismas cosas y deseen caminar tras sus huellas. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 54.


El poder sobre Satanás se extiende más allá de los apóstoles. ¿Qué significa "no viene con nosotros"? ¿Cuál es la fuerza de la expresión? Estate atento y te lo explicaré en cuanto sea posible. El Salvador dio a los bienaventurados apóstoles poder para expulsar los espíritus impuros y para curar toda dolencia y enfermedad en el pueblo. Así actuaron, y la gracia que se les concedió no era ineficaz: En efecto, volvieron llenos de alegría diciendo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre". Por eso pensaron que a ningún otro se le había concedido la gracia de la que ellos mismos habían sido revestidos. Se acercaban buscando aprender si también podían hacer lo mismo otros, aunque no hubieran sido constituidos apóstoles, ni siquiera predicadores.
   Algo parecido encontramos en las Escrituras sagradas anteriores. Una vez dijo Dios a Moisés estas palabras sagradas: "Elige para ti setenta ancianos de Israel... Tomaré del espíritu que hay en ti y se lo daré a ellos". Cuando fueron elegidos y congregrados ante el primer tabernáculo, excepto dos que permanecieron en el campamento, descendió sobre ellos el espíritu de profecía, y profetizaron no sólo los que habían sido congregados ante el tabernáculo santo, sino también los [dos] que habían permanecido en el campamento. Sin embargo, Josué dijo ante Moisés: "Eldad y Medad profetizan en el campamento; mi señor, Moisés, prohíbeselo. Y Moisés dijo a Josué: "¿Es que estás tú celoso por mí? ¡Ojala todo el pueblo del Señor fuera profeta, porque el Señor les diera su espíritu!". Pero también entonces era Cristo el que hacía que Moisés hablara de forma sagrada. El que decía esas cosas mediante el Espíritu Santo es el que también ahora habla personalmente a los santos apóstoles diciendo: "No prohibáis al que aplasta a Satanás". Cristo es el que aplasta a Satanás en su nombre, pues aquél no está contra nosotros. Él dice: "El que no está contra vosotros con vosotros está". En efecto, están a nuestro favor, que amamos a Cristo, los que buscan actuar para la gloria de Cristo y son coronados con su gracia. Ésta es una ley sancionada todavía hoy en las Iglesias. Sólo honramos a los que elevan las manos santas e increpan en nombre de Cristo, con pureza e inocencia, a los espíritus impuros y liberan a muchos de distintas enfermedades. Sabemos que quien actúa en ellos es Cristo mismo. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 55.


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por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 237-239
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Marcelo Merino Rodríguez

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La segunda predicción sobre la pasión


43Y estando todos admirados por cuantas cosas hacía, les dijo a sus discípulos: 44"Grabad en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres". 45Pero ellos no entendían este lenguaje, y les resultaba tan oscuro, que no lo comprendían; y temían preguntarle sobre este asunto Lucas (9, 43-45).

9, 43-45   Pero ellos no entendían este lenguaje

El misterio de la pasión sigue a la transfiguración. Así pues, para que conocieran con exactitud el misterio de todo el mundo espiritual acerca de Él era muy conveniente, e incluso necesario, que les advirtiera diciendo: "Grabad en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres". Cristo habló de esta manera porque era una cuestión útil y, repito, necesaria para nuestra consideración. Había llevado a la montaña a Pedro, Santiago y Juan, y se había transfigurado ante sus ojos. Su rostro resplandeció como el sol y les mostró la gloria con la que resplandecería a su tiempo en el mundo. Por tanto, volverá, no con nuestra condición y pequeñez humana, sino en la majestad y esplendor de la divinidad y con la mayor gloria. De nuevo, cuando descendió de la montaña libró a una persona de un espíritu maligno y violento. En verdad se preparaba para salvarnos, para sufrir por nosotros la pasión y aguantar el atrevimiento de los judíos, pues como Pastor: "Por gracia de Dios gustó la muerte en beneficio de todos los hombres". No es inverosimil pensar que cuando sucedió esto los discípulos se turbaran y que quizás pensaran por dentro: "El que posee tanta gloria, el que ha resucitado a los muertos con un poder propio de Dios, el que calmó a los vientos y al mar, el que aplastó a Satanás con una palabra, ¿cómo puede ser hecho prisionero ahora y caer en las trampas de los asesinos? ¿Nos habremos equivocado al pensar que era Dios? ¿Habremos pensado correctamente respecto de Él?". Quizás fuera causa de escándalo para quienes ignoraban el misterio por el que nuestro Señor Jesucristo habría de sufrir la cruz y la muerte. Cirilo de Alejandría, Comentario al Evangelio de Lucas, 53.


La víctima propiciatoria prefiguraba el misterio de Cristo. También se puede intuir el misterio de la pasión de otra manera. En efecto, según la ley de Moisés se ofrecían dos machos cabríos, en nada diferentes el uno del otro, sino iguales en tamaño y apariencia, de los que uno era llamado "señor" y el otro "enviado". Cuando la suerte caía sobre el que era denominado "señor". éste era sacrificado; en cambio al otro se le liberaba de la inmolación y se enviaba libre [al desierto], y por eso era llamado "enviado". ¿A quién se prefiguraba con esto? Al Verbo que, aunque era Dios, se hizo semejante a nosotros, pecadores, en cuanto a nuestra naturaleza corporal. El chivo expiatorio era sacrificado por los pecados. La muerte era nuestro desierto, pues habíamos caído en la maldición divina por culpa del pecado. Cuando vino el Salvador al mundo asumió nuestra carne y ofreció su vida para que fuésemos enviados libres de la muerte y de la perdición. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 53.

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por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 235-236
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La curación de un lunático



37Sucedió al día siguiente que, al bajar ellos del monte, le salió al encuentro una gran muchedumbre. 38Y en medio de ella un hombre clamó diciendo: "Maestro, te ruego que veas a mi hijo, porque es el único que tengo: 39un espíritu se apodera de él, y enseguida grita, le hace retorcerse entre espumarajos y a duras penas se aparta de él, dejándolo maltrecho. 40Y les he rogado a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido". 41Jesús contestó: "¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar entre vosotros y soportaros? Trae aquí a tu hijo". 42Y al acercarse, el demonio se revolcó por el suelo y le hizo retorcerse. Entonces Jesús increpó al espíritu impuro y curó al niño, devolviéndolo a su padre. 43Todos quedaron asombrados de la grandeza de Dios. Lucas (9, 37-43).


Jesús concede dones a quienes son capaces de recibirlos con fe. La falta de fe del padre del joven (no de los discípulos), llevó al fracaso de los apóstoles en su intento de arrojar al demonio. "Generación" alude a un grupo de personas en concreto: el de las no creyentes, las perversas, centrándose aquí en el padre, el cual no creyó en el poder de Cristo que actuaba a través de sus santos apóstoles. Cirilo de Alejandría.

9, 37-43   Le hace retorcerse entre espumarajos


Esta lección nos muestra claramente la conveniencia de apartarnos de la mano de los espíritus inmundos. Hemos escuchado que se acercó a Él un hombre que le contó la insoportable enfermedad de su hijo. En efecto, le decía que era lacerado cruelmente por un espíritu inmundo y que soportaba crueles convulsiones. No obstante aquel hombre no se presentaba sin culpa, porque gritaba en contra del grupo de los santos apóstoles diciendo que ellos no habían podido expulsar a Satanás. Hubiera sido mejor para ese hombre mostrar reverencia ante Jesús, implorar de Él ayuda y pedir su gracia. Jesús nos escucha cuando le honramos y creemos que Él es omnipotente, y nada hay imposible para Él. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 52.


El poder de Cristo en los apóstoles. Ciertamente el incrédulo es también perverso, porque abandona los senderos justos extraviándose y abandonando el camino recto. Cristo no se digna permanecer con los que son inicuos en su voluntad y en sus acciones, y hablando con claridad, los desprecia y aborrece. Esto es lo que nos enseña cuando afirma: "¿Hasta cuándo tendré que estar entre vosotros y soportaros?". Quien afirma que los apóstoles no pudieron actuar contra los malos espíritus, es decir, aquellos que recibieron por voluntad de Cristo el poder expulsar a los demonios, ése más bien acusa a la gracia, no a los que la recibieron; blasfemia ciertamente la peor. Si la gracia es impotente, no son culpables los que la recibieron, ni han de ser recriminados, sino la misma gracia. No es difícil de imaginar que la gracia que actuaba en ellos era la gracia de Cristo. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 52.


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por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p.234-235
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La transfiguración



28Unos ocho días después de estas palabras, se llevó con el a Pedro, a Juan y a Santiago y subió al monte para orar. 29Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro, y su vestido se volvió blanco y muy brillante. 30En esto, dos hombres comenzaron a hablar con él: eran Moisés y Elías 31que, aparecidos en forma gloriosa, hablaban de la salida de Jesús que iba a cumplirse en Jerusalén.
   32Pedro y los que esaban con él se encontraban rendidos de sueño. Y al despertar, vieron su gloria y a los hombres que estaban a su lado. 33Cuando éstos se apartaron de él, le dijo Pedro a Jesús: "Maestro, qué bien estamos aquí; hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías": pero no sabía lo que decía. 34Mientras así hablaba, se formó una nube y los cubrió con su sombra. Al entrar ellos en la nube, se atemorizaron. 35Y se oyó una voz desde la nube que decía: "Éste es mi Hijo, el elegido: escuchadle". 36Cuando sonó la voz, se quedó Jesús solo. Ellos guardaron silencio, y a nadie dijeron por entonces nada de lo que habían visto. Lucas (9, 28-36). 


9, 28-29   Cambió el aspecto de su rostro, y su vestido se volvió blanco

El orden del reino: sufrimiento, después la gloria. "Os aseguro de verdad que hay algunos de los aquí presentes que no sufrirán la muerte hasta que vean el Reino de Dios"... Se dice que el Reino de Dios es la misma visión de la gloria en la que Él mismo será visto cuando aparezca sobre la tierra. En efecto, vendrá en la gloria de Dios Padre, no en nuestra pequeñez. ¿Qué hará para que los espectadores puedan recibir esa promesa tan maravillosa? Sube a la montaña con tres de sus elegidos; allí se transforma en un resplandor excelente y divino, de manera que incluso sus vestidos relucen con rayos luminosos y parecen que son como fuego. De nuevo Moisés y Elías hablan en presencia de Jesús, uno con otro, acerca de su muerte en Jerusalén, es decir, del misterio de su economía salvífica en carne mortal y de la pasión que -repito- acabaría en la cruz venerable. Es verdad que la ley de Moisés y las palabras de los santos profetas demostraron de antemano el misterio de Cristo; la primera ciertamente mediante tipos y sombras, casi como una pintura en una tabla; en cambio, los profetas lo preanunciaron de diversos modos, pues el que en el momento oportuno apareció en nuestra semejanza y por la salvación y vida de todos nosotros, no rehusó sufrir la muerte en el madero. Por tanto, lo que Moisés y Elías hablan uno al otro delante de Cristo era una determinada providencia que demostraba muy oportunamente que nuestro Señor sería elevado con la majestad de la Ley y los profetas, o sea, que era Señor de la Ley y de los profetas, demostrando a la vez por esas predicciones que entre ambos existía concordancia. En efecto, las palabras proféticas no discrepaban de las que se encuentran en la Ley. Con otras palabras: era la misma opinión que la que manifestaba el sacratísimo Moisés y el más excelente de los profetas, es decir, Elías. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 51.


9,30-31   Dos hombres comenzaron a hablar con él


Moisés y Elías, los dos testigos desde el monte Sinaí. ¿Qué cosa tan extraña anunciamos al afirmar que Dios se hizo hombre, cuando vosotros decís que Abrahán recibió al Señor en su casa? ¿Qué tiene de insólito la noticia, cuando Jacob sostiene: "He visto a Dios cara a cara y conservo la vida"? El mismo Señor que comió en casa de Abrahán, comió también con nostros. Entonces ¿qué tiene de particular lo que proclamamos? Porque ofrecemos dos testigos que estuvieron con el Señor en el monte Sinaí; Moisés estaba en la hendidura de la roca, y Elías entonces estaba a la puerta de la cueva; ellos, compareciendo en el monte Tabor junto con el Señor transfigurado, anunciaban a los discípulos la muerte que iba a sufrir en Jerusalén. Cirilo de Jerusalén, Las catequesis, 12, 16.

9,32-35   Los discípulos contemplan su gloria medio dormidos
  
Pedro contempló este espectáculo, como también lo vieron los que con él estaban, aunque estaban dominados por el sueño; y es que, el esplendor incomprensible de la divinidad hace callar por completo los sentidos de nuestro cuerpo. En efecto, si la pupila de los ojos de la carne no puede aguantar la incidencia de un rayo de sol de frente, ¿cómo la corrupción, propia de los miembros humanos, podría soportar la gloria de Dios? Y por eso el cuerpo, una vez desligados de las torpezas de los vicios, adquiere una forma más pura y sutil. Y quizás era por esto por lo que se dejaron dominar por el sueño, con el fin de contemplar la imagen de la resurrección después del descanso. Y así, al despertar, pudieron ver su majestad; pues para poder ver la gloria de Cristo hay que estar vigilando. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 7, 17.


9, 36   Ellos guardaron silencio


"Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: No contéis a nadie lo que habéis visto" ¿Por qué? Porque sabía que los demás no les iban a creer, les tomarían por locos y les preguntarían: ¿Sabéis de dónde es Elías? Y también: Moisés está enterrado y nadie sabe dónde está su sepultura; y habrían provocado también blasfemias y escándalo. Por eso, nuestro Señor les dice: "Esperad hasta que hayáis recibido el poder", porque cuando les habléis no os creeran, pero vosotros resucitaréis a los muertos para su confusión y vuestra gloria. Efrén de Nisibi, Comentario al Diatessaron, 14, 10.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 229-233
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Condiciones para seguir a Jesús



23Y les decía a todos: "Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día, y que me siga". 24Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará. 25Porque ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero si se destruye a sí mismo o se pierde? 26Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras, de él se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria y en la del Padre y en la de los santos ángeles. 27Os aseguro de verdad que hay algunos de los aquí presentes que no sufrirán la muerte hasta que vean el Reino de Dios. Lucas (9, 23-27).

9,23   Si alguno quiere venir detrás de mí


Cristo vino y enderezó al género humano, que antes se encontraba torcido, a fin de que no vacilara ya nunca más. Su cruz es para el género humano como una columna sobre la cual se construyó su templo. Y estoy refiriéndome a la cruz, no en cuanto al leño en sí, sino en cuanto a la pasión... ¿Qué dice el Señor en el Evangelio? "Si no tomáis mi cruz y me seguís día tras día..." Reparad en lo que dice: si vuestra alma no está preparada para la cruz como lo estuvo la mía por vosotros, no podréis ser discípulos míos. Jerónimo, Tratado sobre los Salmos, 95.


9, 24-25   El que quiera salvar su vida la perderá


Las pruebas dan gozo a los santos. ¿Qué temor puede existir para los santos, si lo que algunos piensan que es cruel, más bien alegra a los que padecen? Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 50.


9,26   Quien se avergüence de mí y de mis palabras


Recompensa y bendiciones para los que no se avergüenzen. Aunque haya personas a quienes el juez les ruboriza, también cuentan con el salario de la obediencia y los premios de la caridad... También hay quienes se ruborizan cuando se les dice que [Cristo] descenderá del cielo no en la pequeñez primera, ni en nuestra humildad, sino en la gloria del Padre, es decir, con aquella majestad, sublime y digna de Dios, con la que le rodean los ángeles. Por tanto, sería pésimo e inútil culparnos de pusilánimes y de cobardes cuando descienda el juez con todos sus coros angélicos rodeándole. En cambio, es algo grande y digno de todo bien, incluso que proporciona la perfecta felicidad, el alegrarse con las propias acciones ya realizadas y esperar la recompensa de los trabajos. De quienes se alegran así es de los que dice Cristo: "Venid, benditos de mi Padre, y poseed el reino preparado para vosotros desde la constitución del mundo". Poseeremos el reino por la gracia y bondad de Cristo, Salvador de todos nosotros. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 50.


9,27   No sufrirán la muerte hasta que vean el Reino de Dios


Los que comen el pan del cielo. Por tanto, si no queremos temer la muerte, vivamos donde vive Cristo, para que diga también de nosotros: "En verdad, algunos de los que etán aquí no gustarán la muerte". No es suficiente con estar presente, hay que estar donde está Cristo; pues sólo quienes puedan estar con Cristo serán los que no gusten de la muerte. Por eso, atendiendo al sentido de su propia expresión, nos es lícito concluir que ninguno que haya merecido la unión con Cristo sentirá la menor sensación de muerte. En verdad, la muerte del cuerpo, a medida que se la va gustando, se le va sacando sabor, y la vida del alma, a base de poseerla, se va haciendo más profunda.
   Pero ¿qué quiere decir "gustar la muerte"? ¿La muerte será algo parecido a la vida, que es comparada al pan? Porque hay hombres que comen del "pan del dolor"; también existieron los pueblos etíopes, que recibieron como alimento un dragón. ¡Que Dios nos guarde de alimentarnos con el veneno del dragón!, ya que nosotros tenemos el pan verdadero, ese pan que bajó del cielo. Y precisamente el que cumple lo que está escrito es el que come de ese pan. Por tanto, hay quienes no gustarán la muerte hasta que hayan visto el Reino de Dios. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 7, 2-3.


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Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 226-228
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Marcelo Merino Rodríguez

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Confesión de Pedro y primera predicción sobre la pasión



18Cuando estaba haciendo oración a solas, y se encontraban con él los discípulos, les preguntó: "¿Quién dicen las gentes que soy yo?". 19Ellos respondieron: "Juan el Bautista. Pero hay quienes dicen que Elías, y otros que ha resucitado uno de los antiguos profetas". 20Pero él les dijo: "Y vosotros ¿quién decís que soy yo?". Respondió Pedro: "El Cristo de Dios". 21Pero él les amonestó y les ordenó que no dijeran esto a nadie. 22Y añadió que el Hijo del Hombre debía padecer mucho y ser rechazado por causa de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y ser llevado a la muerte y resucitar al tercer día. Lucas (9, 18-22).


9, 18-20   Respondió Pedro: El Cristo de Dios


La pregunta de Jesús fuerza a los discípulos a alejar los rumores. ¿Te das cuenta de la pericia de la pregunta? No dijo inmediatamente: ¿Vosotros, quién decís que soy yo? Al contrario, se refiere a lo que dicen los demás de Él para refutarlo y mostrar que es abominable, y por ello reconducirlos a la opinión correcta. Y efectivamente lo consiguió. Cuando los discípulos dijeron: "Unos que Juan el bautista, otros que Elías, y otros que había resucitado alguno de los antiguos profetas, Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?". ¡Cuán discreto ese "vosotros"! Distingue a éstos de los demás para que también huyan de sus opiniones; así no tendrán una idea indigna de Él ni poseerán confusión alguna de pensamientos inestables acerca del mismo Juan ni de la resurrección de alguno de los profetas. Vosotros -dice- que habéis sido elegidos, que habéis sido llamados al apostolado por mi voluntad, vosotros que habéis sido testigos de los milagros que he hecho, ¿quién decís que soy yo? Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 9,18.


9, 21-22   El Hijo del Hombre debía padecer mucho


El silencio de los discípulos. El Señor no ha querido al principio ser proclamado, para que no se levantase ningún tumulto. Exhorta a sus dícipulos que a nadie digan: "El Hijo del Hombre ha de padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, por los príncipes de los sacerdotes y por los escribas, ser matado, y resucitar al tercer día". Tal vez el Señor ha añadido esto porque sabía que sus discípulos difícilmente habían de creer en su pasión y en su resurrección. Por eso ha preferido afirmar Él mismo su pasión y su resurrección, para que naciese la fe del hecho y no la discordia del anuncio. Luego Cristo no ha querido glorificarse, sino que ha deseado aparecer sin gloria para padecer el sufrimiento; y tú, que has nacido sin gloria, ¿quieres glorificarte? Por el camino que ha recorrido Cristo es por donde tú has de caminar. Esto es reconocerle, esto es imitarle en la ignominia y en la buena fama, para que te gloríes en la cruz, como Él mismo se ha gloriado. Tal fue la conducta de Pablo, y por eso se gloría al decir: "En cuanto a mí, no quiera Dios que me gloríe sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo". Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 6, 99-100.


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Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 223-225
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Opinión de Herodes sobre Jesús. Multiplicación de los cinco panes


7El tetrarca Herodes oyó todo lo que ocurría y estaba perplejo, porque unos decían que Juan Había resucitado de entre los muertos, 8otros que Elías había aparecido, otros que había resucitado alguno de los antiguos profetas. 9Y dijo Herodes: "A Juan lo he dacapitado yo, ¿quién es, entonces, éste del que yo oigo tales cosas?" Y deseaba verlo.
   10Cuando volvieron los apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho; y, tomándolos consigo, se retiró aparte hacia una ciudad llamada Betsaida. 11Cuando la gente se dio cuenta, le siguió. Y les acogió y les hablaba del Reino de Dios, y sanaba a los que tenían necesidad. 12Empezaba a declinar el día, y se acercaron los doce para decirle: "Despide a la muchedumbre, para que se vayan a los pueblos y aldeas de alrededor, a busacr albergue y a proveerse de alimentos; porque aquí estamos en un lugar desierto". 13Él les dijo: "Dadles vosotros de comer". Pero ellos dijeron: "No tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos nosotros y compremos comida para todo este gentío; 14había unos cinco mil hombres". Entonces les dijo a sus discípulos: "Hacedlos sentar en grupos de cincuenta". 15Así lo hicieron, y acomodaron a todos. 16Tomando los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo y pronunció la bendición sobre ellos, los partió y empezó a dárselos a sus discípulos, para que los distribuyeran entre la muchedumbre. 17Comieron hasta que todos quedaron satisfechos. Y de los trozos que sobraron, ellos recogieron doce cestos. Lucas (9, 7-17).

9, 7-11   El tetrarca Herodes oyó todo lo que ocurría

La enseñanza y la curación preceden al milagro. He aquí que al acercarse la pascua, el día de la fiesta de los judíos, el Señor, con sus palabras de salvación y con el apoyo de sus curaciones, levantaba el ánimo de la multitud que le seguía. Pues como escribió otro evangelista, les hablaba del Reino de Dios y sanaba a aquellos que estaban necesitados de curación; cuando terminó de enseñarlos y de realizar las curaciones, con pocos alimentos los confortó abundantísimamente. Beda, Homilías sobre los Evangelios, 2, 2.


9, 12-15   Se acercaron los doce


El milagro de Moisés del maná. Es muy evidente que la hospitalidad alcanza una generosa retribución a los ojos de Cristo. Es posible ver que los milagros nuevos están en sintonía con los antiguos, fruto unos y otros de la única y misma fuerza. En el desierto hizo llover maná sobre los israelitas. Les dio pan del cielo. "El hombre comió el pan de los ángeles", tal y como se relata en los salmos. Observa de nuevo que en el desierto provee abundantemente a los que están necesitados de alimento, y lo hace bajar como del cielo. Al multiplicar esa pequeña cantidad, y al alimentar a la gran multitud como de la nada, no se diferenciaría del primer milagro. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 9, 12.


9,16   Tomando los cinco panes y los dos peces


El pan es la palabra de Dios que crece místicamente. Este pan que parte de Jesús es místicamente la palabra de Dios y un sermón de Cristo que aumenta mientras se distribuye. Con algunos sermones ha dado a todos los pueblos un alimento sobreabundante; nos ha dado los sermones como panes, y, al gustarlos, se multiplican en nuestra boca. Más aún, visiblemente y de una manera increíble, cuando se parte este pan, cuando se lo distribuye, cuando se lo come, permanece intacto sin sufrir ninguna disminución... Los beneficios de Cristo son pocos en apariencias, pero inmensos en la realidad. No los otorga a uno solo, sino a toda la multitud. La comida aumenta en la boca de los que la comen; parece que era un alimento para el cuerpo, pero se tomaba para la salvación eterna. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 6, 86.88.


9,17   Comieron hasta que todos quedaron satisfechos


Abundancia para la vida eterna. "¡Recoged en doce canastas los restos de la comida!". Ya están bastante alimentados millares de comensales con sólo consumidos cinco panes y dos peces. Tú eres nuestra comida y nuestro pan, Tú la dulcura eterna; quien come tu manjar, jamás tendrá ya hambre, pues no alimentas nuestra carne humana, sino que das vida para siempre. Prudencio, Himno de todas las horas, 58-63.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 219-222
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La misión de los doce

1Convocó a los doce y les dio poder y potestad sobre todos los demonios, y para curar enfermedades. 2Los envió a predicar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos. 3Y les dijo: "No llevéis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos túnicas. 4En cualquier casa que entréis, quedaos allí hasta que de allí os vayáis. 5Y si nadie os acoge, al salir de aquella ciudad, sacudíos el polvo de los pies en testimonio contra ellos". 6Se marcharon y pasaban por las aldeas evangelizando y curando por todas partes. Lucas (9, 1-6).


9, 1-2   Convocó a los doce y les dio poder


Además nuestro Salvador y Señor llama a los doce apóstoles no mucho después del comienzo de su predicación, y a ellos solos de entre los demás discípulos suyos, por priviligio, dio el nombre de apóstoles. Después "designó otros setenta, y también a estos los envió, de dos en dos, delante de Él a todo lugar y ciudad adonde Él había de ir. Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica, 1, 10, 7


9, 3-5   No llevéis nada para el camino

Libres de las preocupaciones corporales. Era muy justo que les mandara estar totalmente libres; quiere que no estén atados por ningún cuidado mundano y enteramente exentos de esas aflicciones; ni siquiera debían estar preocupados del necesario alimento y de lo indispensable. Ahora bien, es claro que el que manda abstenerse de estas cosas también prescinde del amor a las riquezas y de la pasión de los placeres. Su gloria y, por así decirlo, su corona sería el no poseer nada. Les aleja también del uso de todo eso y les impone no llevar con ellos nada en absoluto: "Ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas". Por consiguiente, fíjate como los aleja, repito, de las preocupaciones inútiles y de las preocupaciones corporales; les manda no preocuparse de la comida, como si dijera lo que se dice en el Salmo: "Pon sobre el Señor tus cuidados y Él te sustentará". Por eso es verdad lo que el mismo Cristo dijo: "No podéis servir a Dios y a las riquezas" y también: "Donde está tu tesoro allí está tu corazón". Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 9,3.


9, 6   Se marcharon y pasaban por las aldeas evangelizando


Hombres sin distinción y sin equipaje. Cristo pudo liberar al género humano [de todos los males]; no sólo a los romanos, sino también a los persas y a los bárbaros. Y no los liberó con el uso de las armas, del dinero, ni con ejércitos o combatiendo batallas, sino primeramente con once varones mediocres, ignorantes, débiles, rudos, pobres, sin vestido ni calzado y cubiertos por una sola túnica. Juan Crisóstomo, Contra los judíos y paganos, 1.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p.216-218
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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Resurrección de la hija de Jairo y curación de la hemorroísa


40Al volver Jesús le recibió la muchedumbre, porque todos estaban esperándole. 41Entonces llegó un hombre, llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y se postró a los pies de Jesús suplicándole que entrase en su casa, 42porque tenía una hija única de unos doce años que se estaba muriendo.
   Mientras iba, la multitud le apretujaba. 43Y una mujer que tenía un flujo de sangre desde hacía doce años y que había gastado toda su hacienda en médicos sin que ninguno hubiese podido curarla, 44se acercó por detrás, le tocó el borde del manto y al instante cesó el flujo de sangre. 45Entonces dijo Jesús: "¿Quién es el que me ha tocado?". Al negarlo todos, dijo Pedro: "Maestro, la muchedumbre te aprieta y te empuja". 46Pero Jesús dijo: "Alguien me ha tocado, porque yo me he dado cuenta de que una fuerza ha salido de mí". 47Viendo la mujer que aquello no había quedado oculto, se acercó temblando, se postró ante él y declaró delante de todo el pueblo la causa por la que le había tocado, y cómo al instante había quedado curada. 48Él entonces le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz".
   49Todavía estaba él hablando, cuando vino uno de la casa del jefe de la sinagoga diciendo: "Tu hija ha muerto, no molestes más al Maestro". 50Al oírlo Jesús, le respondió: "No temas, tan sólo ten fe y se salvará". 51Cuando llegó a la casa, no permitió que nadie entrara con él, excepto Pedro, Juan y Santiago, y el padre y la madre de la niña. 52Todos lloraban y se lamentaban por ella. Pero él dijo: "No lloréis; no ha muerto, sino que duerme". 53Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta. 54Él, tomándola de la mano, dijo en voz alta: "Niña, levántate". 55Volvió a ella su espíritu y al instante se levantó, y Jesús mandó que le dieran de comer. 56Y sus padres quedaron asombrados; pero él les ordenó que no dijeran a nadie lo que había sucedido. Lucas ( 8, 40-56).

8, 40-42   Un hombre llamado Jairo

Dos milagros atestiguan que Jesús es la resurrección y la vida. En verdad, Cristo conocía su misterio antes de la constitución del mundo, a pesar de que apareció entre los hombres en los últimos tiempos del mundo para quitar el pecado del mundo y aniquilar juntamente con él la muerte que fue su consecuencia en nosotros y que llegó a través de él. Por eso decía abiertamente: "Yo soy la resurrección y la vida" y "quien cree en mí tiene la vida eterna y no viene a juicio, sino que de la muerte pasa a la vida". Veamos, pues, por los efectos cómo se cumplió esto. Aquel jefe de la sinagoga de los judíos se acercó abrazando las rodillas del Salvador y pidió que su hija fuera liberada de las ataduras de la muerte, pues ciertamente ya había llegado hasta allí y se encontraba en peligro extremo. Cristo le hizo caso, e incluso le seguía con prisa hacia la casa del que pedía la gracia. Ciertamente sabía muy bien que lo que iba a realizar sería de provecho a muchos de los que le seguían y también para su propia gloria. De esta manera fue curada entre tanto una mujer que era víctima de una enfermedad severa e incurable, cuyo flujo de sangre no fue detenido por el arte de los médicos; pero ella, al tocar con confianza la orla del vestido, inmediatamente quedó curada, y, por así decirlo, manifestaba el milagro tan glorioso y famoso que Cristo realizaba. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 8, 40.


8, 43-48   Una mujer que tenía un flujo de sangre


La hija representa la sinagoga, la mujer la Iglesia. En verdad, como aquella que había gastado todo su haber en médicos, el conjunto de las naciones había perdido también todos sus dones naturales, malgastando su patrimonio vital. Santa, discreta, religiosa, pronta a creer, recatada por el pudor -pues es propio del pudor y de la fe reconocer la enfermedad, no desesperar del perdón-, la discreción, pues, la hizo tocar la orla del manto, la fe la hace aproximarse; la religión creer; la sabiduría, reconocer que estaba curada. Del mismo modo, el pueblo santo de los gentiles que ha creído en Dios se ha avergonzado  de su pecado para desecharlo, ha aportado su fe para creer, ha ofrecido su devoción para orar, se ha revestido de sabiduría para sentir también su curación, se ha animado para reconocer que él ha arrebatado lo que no era para él.
   ¿Por qué Cristo es tocado por detrás? ¿Sería porque está escrito: "Habéis de caminar en pos del Señor, nuestro Dios"? ¿Qué quiere decir que la hija del jefe de la sinagoga se moría a los doce años y que esta mujer sufría un flujo de sangre durante doce años? ¿No es para darnos a entender que, mientras la sinagoga estuvo en vigor, la Iglesia sufría? El defecto de una es la virtud de la otra, pues "por su delito vino la salvación a los gentiles", y el fin de una es el comienzo de la otra; principio no es en orden a la naturaleza, sino en cuanto a la salvación. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 6, 56-57.


8, 49-56   Niña, levántate


Una palabra de consuelo al padre. A continuación alguien de la casa del jefe de la sinagoga se acercó diciendo: "Tu hija ha muerto, no molestes más al Maestro". ¿Qué hizo ante esto Cristo, que tiene poder sobre todas las cosas, que es el Señor de la vida y de la muerte, que realiza con su voluntad lo que quiere? Miró al hombre oprimido por el peso del dolor, que estaba angustiado, aturdido y ya casi desesperado de librear a su hija de la muerte. En verdad, las fuertes angustias pueden perturbar la mente aunque tenga sólidas convicciones, y por su culpa puede rechazar las certezas más seguras. Así pues, Jesús le concedió su ayuda: una suave palabra salva al que vacilaba y hace segura la fe, diciéndole: "No temas, tan sólo ten fe y se salvará". Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 8, 49.


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por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento. Tomo 3,  p. 209-214
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El endemoniado de Gerasa



26Navegaron hasta la región de los gerasenos, que está al otro lado, enfrente de Galilea. 27Y cuando saltó a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad endemoniado; desde hacía mucho tiempo no llevaba ropa, ni habitaba en casas sino en sepulcros. 28Al ver a Jesús, cayó ante él gritando y dijo con gran voz: "¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te suplico que no me atormentes". 29Pues Jesús mandaba al espíritu impuro que saliera de aquel hombre; porque muchas veces se apoderaba de él, y aunque le sujetaban con cadenas y le ponían grillos para custodiarle, rotas las ataduras, era impulsado por el demonio al desierto. 30Jesús le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?". Él dijo: "Legión", porque habían entrado en él muchos demonios. 31Y le suplicaban que no les ordenase ir al abismo. 32Había por allí una gran piara de cerdos que estaban paciendo en el monte; y le suplicaron que les permitiese entrar en ellos. Y se lo permitió. 33Los demonios salieron del hombre y entraron en los cerdos; y la piara se lanzó corriendo por la pendiente hacia el lago y se ahogó.
34Al ver los porqueros lo ocurrido, huyeron, y lo contaron por la ciudad y por los campos. 35Salieron a ver lo que había pasado, llegaron hasta Jesús, y encontraron al hombre del que habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido y en su sano juicio, y les entró miedo. 36Los que lo habían presenciado les contaron cómo había sido salvado el endemoniado. 37Y toda la gente de la región de los gerasenos le pidió que se alejara de ellos, porque estaban sobrecogidos de temor. Él subió a la barca y se volvió. 38El hombre de quien habían salido los demonios le pedía quedarse con él; pero lo despidió diciendo: 39"Vuelve a tu casa y cuenta las grandes cosas que Dios ha hecho contigo". Y se marchó proclamando por toda la ciudad lo que Jesús había hecho con él. Lucas ( 8, 26-39).


8, 26-27   Un hombre de la ciudad endemoniado


La posesión diabólica muestra la crueldad de los demonios. Con gran miseria y desnudez paseaba entre los sepulcros de los muertos en sus últimos estertores. Su vida deshonrosa y deplorable era demostración de la crueldad de los demonios y argumento claro de la impureza en los poseídos por ellos... A quienes los demonios poseen y caen en sus manos, en seguida les hacen los más miserables, les privan de todo bien y les destituyen de toda modestia; además les privan totalmente incluso de la razón misma. Pero algunos preguntan: ¿cómo pueden poseer a los hombres? Al respecto, es decir, a los que quieren saber tales cosas, yo les digo que es por una razón muy profunda. En alguna parte se ha dicho respecto de Dios por alguno de sus santos: "Tus juicios son como un abismo profundo", pero pensando estas cosas dentro de nosotros mismos no nos equivocamos mucho. En efecto, providencialmente el Dios del universo permite que algunos sean sometidos a los demonios, no para hacerlos sufrir, sino más bien para que nosotros aprendamos a través de ellos cómo nos tratan los demonios y evitemos el someternos a ellos; ciertamente con uno que sufra son edificados muchos. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 8, 26.


8, 28-31   ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo?


La respuesta de los demonios es temerosa y orgullosa. El geraseno, o, por mejor decir, el grupo de demonios que se ocultaba en él, se arrodilló ante Cristo y gritó lo siguiente: "¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo de Dios?" Observa en este punto el temor unido a la mucha osadía y a toda la falta de sentido. Una manifestación de la demencia diabólica es atreverse a decir: "¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo de Dios?", y prueba del temor es la súplica para no ser atormentado. Mas sabes con certeza que Él es el Hijo de Dios el Altísimo...
Observa una vez más la incomparable gloria del que todo lo trasciende. Me refiero al poder irresistible de Cristo. Aplasta a Satanás con sólo haber deseado que éste lo experimentara. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 8, 26.


8, 32-33   Los demonios salieron del hombre y entraron en los cerdos


Los gerasenos habían decidido no salir ni ir a ver el milagro de nuestro Señor. Por eso Él ahoga su piara de cerdos, para que salgan contra su voluntad. La "legión" castigada es imagen del mundo... Se permitió a los demonios entrar en los cerdos, pero se les impidió entrar en la imagen de Dios... Respecto de quien habían dicho que "expulsa a los demonios por el poder de Beelzebul", es el mismo que lucha contra Satanás en la montaña y aquí contra Legión, su jefe. "Cuando entraron en los cerdos, al instante, se ahogaron", para que apareciera la bondad del Señor que protegía a este hombre... También esta parábola testimonia igualmente que le suplicaban que no les ordenase ir a la gehenna. Efrén de Nisibi, Comentario al Diatessaron, 6, 26.


8, 34-37   Al ver los porqueros lo ocurrido, huyeron, y lo contaron por la ciudad y los campos


Los demonios no tienen poder sobre los cerdos ni sobre nosotros. Nuevamente debemos aprender de lo que ocurrió con la piara de cerdos: los demonios son crueles, perversos y traicioneros para los que retienen en su poder. El hecho es claro y muy patente, puesto que arrojaron por un precipicio a los cerdos que se ahogaron en las aguas. Cristo les concedió su petición, para que por este suceso aprendamos que [los demonios] tienen una mente así, en verdad cruel, salvaje y tendente sólo a hacer mal a los que pueden caer bajo su poder.
Si entre nosotros hay alguien lascivo y amante de la suciedad, impuro e inclinado de buena gana a los deseos pecaminosos, éste les estará sometido, con el permiso de Dios, y será arrojado en el abismo de la ruina. Pero esto no sucederá a los que aman a Cristo, porque nunca estarán sometidos a los demonios, ni tampoco caminaremos tras sus huellas; en verdad, hay que evitar la negligencia en las buenas obras y desear, en cambio, lo que es el buen adorno y las mejores costumbres que Cristo en persona nos ha mostrado en los mandatos evangélicos. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 8, 34.


8, 38-39   Vuelve a tu casa y cuenta las grandes cosas que Dios ha hecho contigo


El endemoniado va de la sinagoga a la Iglesia. Pero volvamos a nuestra lectura: "Al ver esto, los dueños de la piara se enfurecieron". Ni los profesores de filosofía ni los jefes de la sinagoga pueden ofrecer un remedio cualquiera a los pueblos que perecen. Sólo Cristo puede perdonar los pecados de los pueblos con tal que ellos no rehúsen soportar el remedio. Por lo demás, Él no intenta forzar a nadie y no cura a los enfermos para quienes su presencia constituye una carga; así sucedió con el pueblo de Gerasa, que, saliendo de la ciudad, en la cual parecía residir la figura de la sinagoga, le rogaba que se retirase porque se había apoderado de ellos un gran temor... Pero ¿por qué el hombre librado [del demonio] no es acogido por Jesús, sino que le advierte que vuelva a su casa? ¿No es para evitar una ocasión de vanagloria, y para que su ejemplo muestre a los infieles que esta morada es la ley natural? Por eso, habiendo obtenido el remedio de la curación, se le prescribe volver desde las tumbas y sepulcros a esta morada espiritual, a fin de que llegue a ser templo de Dios lo que era sepulcro del alma. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 6, 50.53.


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Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 205-209
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La tempestad calmada



22Un día, subió él a una barca con sus discípulos y les dijo: "Crucemos a la otra orilla del lago". Y partieron. 23Mientras ellos navegaban, se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago, de modo que se llenaban de agua y corrían peligro. 24Se le acercaron para despertarle diciendo: "¡Maestro, Maestro, que perecemos!". Puesto en pie, increpó al viento y a las olas, que cesaron; y sobrevino la calma. 25Entonces les dijo: "¿Dónde está vuestra fe?". Ellos llenos de temor, se asombraron y se decían unos a otros: "¿Quién es éste que manda a los vientos y al agua, y le obedecen?". Lucas (8, 22-25).

8,22-25   Subió él a una barca con sus discípulos


La pequeñez de la puesta a prueba. Calmada la tempestad, Cristo convirtió también en seguridad la fe de los discípulos santos, que había fluctuado igual que la barquichuela; y para que no tuvieran ninguna duda les trajo la serenidad y, calmando las olas de su pequeña fe, dijo: "¿Dónde está vuestra fe?". Otro evangelista afirma lo mismo, al decir: "Por qué teméis [hombres] de poca fe?". En efecto, incluso la mente bien segura se perturba y es culpable de poca fe, si de reprente incurre en un temor de muerte o le sucede cualquier otra cosa demasiado grande para el que es tentado. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev, de Lucas, 8, 22. 


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Nuevo Testamento, Tomo 3,  p.203-204
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El nuevo parentesco



19Vinieron a verle su madre y sus hermanos, y no podían acercarse a él a causa de la muchedumbre. 20Y le avisaron: "Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte". 21Él, en respuesta, les dijo: "Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la cumplen". Lucas (8, 19-21).


8, 19-21   Vinieron a verle su madre y sus hermanos


La nueva familia de Jesús escucha la palabra de Dios y la cumple. Esta lección de hoy nos enseña a todos nosotros la buena razón para servir y obedecer al Señor. Ciertamente algunos entraban anunciando a Cristo [la llegada] de su madre y de sus hermanos. "Pero Él -afirma [el evangelista]- les respondió: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen". Nadie puede pensar que Cristo desdeñara el honor debido a su madre, o que despreciara el amor a sus hermanos. Realmente Él mismo puso una ley por medio de Moisés que abiertamente dice: "Honra a tu padre y a tu madre para que seas feliz". Así pues, ¿cómo iba a desdeñar el amor a los hermanos quien nos mandó a nosotros amarnos mutuamente, no sólo a los hermanos sino incluso a nuestros enemigos? "Amad -dice- a vuestros enemigos". ¿Qué es lo que pretende enseñar Cristo? Eleva a gran altura la caridad entre los hombres que quieren dejarse subyugar por sus leyes. Explicaré cómo. Todos somos deudores de los mayores honores y del más perfecto amor para con nuestras madres y hermanos; por tanto, si afirma que su madre y sus hermanos son los que escuchan su palabra y la cumplen, ¿acaso no se puede aplicar ese amor completo y precioso para todos los que le siguen? Ciertamente habían acudido con prontitud para creer en sus palabras, para someter las mentes a su yugo, obedeciendo en todo. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 8,19.


Parentesco por cumplir la voluntad de Dios. La familiaridad con el Señor no se demuestra en el parentesco según la carne, sino que se lleva a cabo en el cumplimiento de la voluntad de Dios. Basilio de Cesarea, Reglas morales, 22,1.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 202-203
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La parábola del sembrador y los misterios del Reino




1Sucedió, después, que él pasaba por ciudades y aldeas predicando y anunciando el Evangelio del Reino de Dios. Le acompañaban los doce 2y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y de enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; 3y Juana, mujer de Cusa, administrador de Herodes; y Susana, y otras muchas que le asistían con sus bienes.
4Reuniéndose una gran muchedumbre que de todas las ciudades acudía a él, dijo esta parábola: 5"Salió el sembrador a sembrar su semilla; y al echar la semilla, parte cayó junto al camino, y fue pisoteada y se la comieron las aves del cielo. 6Parte cayó sobre piedras, y cuando nació se secó por falta de humedad. 7Otra parte cayó en medio de espinas, habiendo crecido con ella las espinas la ahogaron. 8Y otra cayó en tierra buena, y cuando nació dio fruto al ciento por uno". Dicho esto, exclamó: "El que tenga oídos para oír, que oiga".
9Entonces sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola. 10Él les dijo: "A vosotros se os ha concedido el conocer los misterios del Reino de Dios, pero a los demás, sólo a través de parábolas, de modo que viendo no vean y oyendo no entiendan. 11El sentido de la parábola es éste: la semilla es la palabra de Dios. 12Los que están junto al camino son aquellos son aquellos que han oído; pero viene luego el diablo y se lleva la palabra de su corazón, no sea que creyendo se salven. 13Los que están sobre piedras son aquellos que, cuando oyen, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; éstos creen durante algún tiempo, pero a la hora de la tentación se vuelven atrás. 14Lo que cayó entre espinos son los que oyeron, pero en su caminar se ahogan a causa de las preocupaciones, riquezas y placeres de la vida y no llegan a dar fruto. 15Y lo que cayó en tierra buena son los que oyen la palabra con un corazón bueno y generoso, la conservan y dan fruto mediante la perseverancia.
16"Nadie que ha encendido una lámpara la oculta con una vasija o la pone debajo de la cama, sino que la pone sobre un candelero para que los que entran vean la luz. 17Porque nada hay escondido que no acabe por saberse; ni secreto que no acabe por conocerse y hacerse público. 18Mirad, pues, cómo oís: porque al que tiene se le dará; y al que no tiene incluso lo que piensa tener se le quitará". Lucas (8, 1-18).

8,1-3   Le acompañaban los doce y algunas mujeres


Los apóstoles siguen el ejemplo de Jesús. Si alguien estima que es imposible que algunas mujeres de intachable conducta acompañaran a los apóstoles dondequiera que iban, predicando el Evangelio, para suministrarles de su hacienda cuanto necesitaban, lea el Evangelio. Vea que imitaban el ejemplo del mismo Jesús. Agustín, El trabajo de los monjes, 5, 6.


8, 4-8   Salió el sembrador a sembrar


Cristo es el sembrador. El mismo es el que siembra todo lo bueno y nosotros somos su campo. Por Él y de Él proviene toda cosecha espiritual. Esto es lo que nos enseña al decir: "Sin mí no podéis hacer nada". Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas 8,4.


8, 9-10   Le preguntaron qué significaba esta parábola


Misterios revelados a los que tienen fe. Es evidente que la palabra del Salvador está siempre oculta. El bienaventurado salmista nos acerca a ella cuando dice: "Mi boca se abrirá en parábolas". Observa que lo que dijo en el pasado aconteció. Una gran multitud procedente de toda Judea se reunió en torno al Salvador y les habló en parábolas, mas la palabra no fue comprensible para aquellos que no eran dignos de aprender los misterios del reino de los cielos...
Efectivamente, a aquéllos no les fue dado conocer los misterios del reino de los cielos, pero a nosotros, más preparados en lo tocante a la fe, nos ha dado la posibilidad de entender la parábola, la palabra oculta, las expresiones cargadas de sabiduría y enigmas. Podría decirse además que son imágenes así como las parábolas son las cosas no visibles, más bien comprensibles a la inteligencia y espirituales. Lo que no es posible ver a los ojos del cuerpo, la parábola lo muestra a los ojos de la mente, y da forma con gran belleza a cuanto procede del intelecto a través de lo que está en los sentidos y es palpable al tacto. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas 8,4.


8, 11-15   El sentido de la parábola


El diablo arrebata del camino la semilla de Dios. "La semilla es la palabra de Dios. Los que están junto al camino son aquellos que han oído; pero viene luego el diablo y se lleva la palabra de su corazón, no sea que creyendo se salven". ¿Cuál es la causa por la que la semilla es arrojada en los caminos? Veamos ahora lo que es necesario cuando se trata de cosas intrincadas. Duro y árido es todo camino, porque es pisoteado por todos y no admite semilla alguna; queda en la superficie, lista para las aves que desean cogerla. Por tanto, todos los que tienen una mente ruda, inflexible y, por decirlo de alguna manera, endurecida, no reciben la semilla divina, porque no puede penetrar en ellos ninguna advertencia sagrada y divina. No aceptan las palabras que podrían infundirles el temor de Dios y mediante las que podrían conseguir que dieran frutos dignos de virtud. Éstos son el camino firme y pisoteado por los demonios impuros y por el mismo Satanás; camino que nunca puede dar frutos santos. Estén despiertos, pues, los que poseen un corazón estéril e infecundo. Abrid vuestra mente. Recibid la semilla sagrada. Sed semejantes a la tierra mullida y bien labrada. Producid con Dios los frutos que os harán subir a la vida incorruptible. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 8, 11.


8, 16-18   Nadie que ha encendido una lámpara la oculta


La Palabra de Dios es como un lámpara. No se refiere [la Escritura] a una lámpara sensible, sino comprensible. En efecto, si uno encendiera la luz no querría cubrirla con una vasija o ponerla debajo de una cama, sino colocarla sobre la lámpara que hay en el interior. Ciertamente las vasijas que hay en la casa son los poderes del alma. La cama es el cuerpo. Los que están dentro son los que escuchan al maestro...
El Señor llama lámpara a la Iglesia santa, porque con su predicación, la palabra de Dios ilumina a todos los que están en este mundo, igual que hace brillar con los rayos de la verdad a todos los de la casa, llenando las mentes de todos con el conocimiento divino. Orígenes, Fragmetos sobre el Ev. de Lucas, 120, 122.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 196-202
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Jesús come con un fariseo y perdona a una mujer pecadora



36Uno de los fariseos le rogaba que comiera con él; y entrando en casa del fariseo se recostó a la mesa. 37Y entonces una mujer pecadora que había en la ciudad, al enterarse que estaba sentado a la mesa en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro con perfume, 38y por detrás se puso a sus pies llorando y comenzó a bañarle los pies con sus lágrimas, y los enjugaba con sus cabellos, los besaba y los ungía con el perfume. 39Al ver esto el fariseo que le había invitado, se decía: "Si éste fuera profeta, sabría con certeza quién y qué clase de mujer es la que le toca: que es una pecadora". 40Jesús tomó la palabra y le dijo: "Simón, tengo que decirte una cosa". Y él contestó: "Maestro, di". 41"Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y otro cincuenta. 42Como ellos no tenían con qué pagar, se lo perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le amará más? 43"Supongo que aquel a quien perdonó más", contestó Simón. Entonces Jesús le dijo: "Has juzgado con rectitud". 44Y vuelto hacía la mujer, le dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella en cambio me ha bañado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. 45No me diste el beso. Pero ella, desde que entré no ha dejado de besar mis pies. 46No has ungido mi cabeza con aceite. Ella en cambio ha ungido mis pies con perfume. 47Por eso te digo: le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho. Aquel a quien menos se le perdona menos ama". 48Entonces le dijo a ella: "Tus pecados te son perdonados". 49Y los convidados comenzaron a decir entre sí: "¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?". 50Él le dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado; vete en paz". Lucas (7, 36-50).

7,36   Uno de los fariseos le rogaba que comiera con él

Los negocios del cielo. Veis que Cristo fue al banquete de un fariseo no para llenarse de comida para el cuerpo, sino para tratar los asuntos del cielo mientras está en este mundo. Pedro Crisólogo, Sermón, 93,2.


7, 37-38   Una mujer pecadora había en la ciudad

La mujer figura de la Iglesia, y los fariseos de la sinagoga. "Mira, dice, una mujer pecadora en la ciudad". ¿Qué mujer? Sin duda, la Iglesia...
Ella oyó que había llegado Cristo a casa del fariseo, es decir, a la sinagoga, allí, a la pascua judía, para transmitir el misterio de su pasión, para revelar el sacramento de su cuerpo y sangre, para manifestar el secreto de nuestra redención. Ignorando a los pésimos porteros escribas -¡Ay de vosotros, escribas y fariseos que poseéis la llave de la ciencia!"-, rompió las puertas de sus contradicciones y despreció la misma superioridad de los fariseos. Allí Cristo se hizo el encontradizo, en medio de copas de vino dulce y de un banquete amoroso. Pedro Crisólogo, Sermón 95,4.

7, 39-40   Si éste fuera profeta

La mujer fue la que creyó, no el fariseo. Observa el buen orden: en la casa del fariseo está la pecadora, que es glorificada; en la casa de la Ley y de los profetas no es justificado el fariseo, sino la Iglesia; pues el fariseo no creía y ella sí. Él decía: "Si éste fuera profeta sabría quién es la mujer que le toca". Luego, la casa de la Ley es Judea: ella está escrita no sobre piedras, sino sobre las tablas del corazón. Allí es justificada la Iglesia y en adelante superior a la Ley: pues la Ley ignora el perdón de los pecados; la Ley no tiene el sacramento donde son purificadas las faltas secretas y, por lo mismo, lo que falta a la Ley tiene su cumplimiento en el Evangelio. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 6,23.

7,41-43   Un prestamista tenía dos deudores

Los dos deudores representan a los judíos y gentiles. ¿Quiénes son estos dos deudores? ¿No se trata de dos pueblos: uno constituido por los judíos y el otro por los gentiles, entrampados con el acreedor de los tesoros celestiales?... El dinero que debemos a este acreedor no es material, sino el peso de los méritos, la moneda de las virtudes, cuyo valor se mide por el peso de la gravedad, el brillo de la justicia y el sonido de la alabanza. ¡Ay de mí, si no tengo lo que recibí!, o mejor, ¡qué difícil es que alguien pueda pagar íntegramente su deuda al acreedor! ¡Ay de mí, si no pido; "dame lo que me debes"! En verdad, el Señor no nos habría enseñado a pedir en la oración que sean perdonadas nuestras deudas, si no supiese que difícilmente se encontrarían deudores solventes... Consiguientemente, puesto que nada hay que podamos dar a Dios dignamente -¿qué le daremos por la humillación de la encarnación, por los golpes, por la cruz, por la muerte, por la sepultura?- ¡ay de mí, si yo no amo! No temo decir: Pedro no ha pagado, pues él ha amado más. No ha pagado Pablo; ciertamente dio muerte por muerte, pero otras cosas no pagó, pues debía mucho. Escúchale a él mismo, que dice que no pagó: "¿Quién le dio el primero que tenga derecho a recompensa?". Aun cuando paguemos cruz por cruz, muerte por muerte, ¿acaso le pagaremos el tener todas las cosas de Él y en Él?. Luego, paguemos amor por nuestra deuda, caridad por el beneficio, gratitud por el precio de su sangre; pues ama más aquel a quien más se le ha dado. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 6, 24-26.


7, 44-48   Ella en cambio ha ungido mis pies con perfume


Jesús realiza milagros que curan los pecados de la mujer. La gloria del médico es curar al enfermo. Nuestro Señor obró esto para mayor desgracia del fariseo, quien había desacreditado la gloria de nuestro Médico. Él obró milagros en las calles, los obró aún mayores dentro de la casa del fariseo. En las calles curó cuerpos enfermos, pero dentro curó almas enfermas. Fuera, dio vida a la muerte de Lázaro. Dentro dio vida a la muerte de la pecadora. Restauró el alma a un cuerpo que estaba muerto, y extirpó el pecado mortal de la pecadora en quien moraba. Ese fariseo ciego, para quienes los milagros no eran suficientes, desacreditó lo común que vio por aquello grandioso que no vio. Efrén de Nisibi, Sermón sobre Nuestro Señor, 42,2. 


7, 49-50   Vete en paz


Jesús muestra ser profeta perdonando los pecados. Vino para que los que debían mucho o poco fueran perdonados, y para mostrar misericordia hacia lo mucho y lo poco, de manera que ya no existiera nadie que no participara de su bondad. Como prenda y ejemplo de su gracia liberó a la mujer pecadora de sus muchos errores, diciendo: "Tus pecados quedan pedonados". Es propio de Dios una palabra así; se trata de una expresión de suprema autoridad. Con la Ley fueron condenados los pecados; ahora bien, ¿quién puede declarar cosas por encima de la Ley excepto el que la sanciona? Ciertamente, al mismo tiempo que libera a la mujer dirige la atención del fariseo y de los presentes hacia cosas mejores. De esta manera aprendían que el Verbo no era un profeta más, sino que estaba por encima de lo humano; aunque se hizo hombre, era también Dios. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 7, 49.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 189-195
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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Juan el Bautista y Jesús



18Informaron a Juan sus discípulos de todas estas cosas. 19Juan llamó a dos de ellos, y los envió al Señor a preguntarle: "¿Eres tú el que va a venir o esperamos a otro?" 20Cuando aquellos hombres se presentaron ante Él le dijeron: "Juan el Bautista nos ha enviado a ti a preguntarte: "¿Eres tú el que va a venir o esperamos a otro?". 21En aquel momento curó a muchos de sus enfermedades, de dolencias y de malos espíritus y dio la vista a muchos ciegos. 22Y les respondió: "Id y anunciadle a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. 23Y bienaventurado el que no se escandalice de mí".
24Cuando los enviados de Juan se marcharon, se puso ha hablar de Juan a la multitud: "¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 25Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre vestido con unos finos ropajes? Daos cuenta de que los que visten con lujo y viven entre placeres están en palacios de reyes. 26Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os lo aseguro, y más que a un profeta. 27Éste es de quien está escrito:
    "Mira que envío a mi mensajero delante de ti,
   para que vaya preparándote el camino". 
28"Os digo que entre los nacidos de mujer nadie hay mayor que Juan; pero el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él. 29Y todo el pueblo -incluso los publicanos- le escuchó y reconoció la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Juan. 30Pero los fariseos y los doctores de la Ley rechazaron el plan de Dios sobre ellos al no querer ser bautizados por él.
31"Así pues, ¿con quién voy a comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? 32Se parecen a los niños sentados en la plaza y que se gritan unos a otros aquello que dice:
   "Hemos tocado para vosotros la flauta
   y no habéis bailado;
   hemos cantado lamentaciones
   y no habéis llorado".
33"Porque viene Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y decís: "Tiene un demonio". 34Viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: "Fijaos: un hombre comilón y bebedor, amigo de publicanos y de pecadores". 35Pero la sabiduría queda acreditada por todos sus hijos". Lucas (7, 18-35).

7, 18-23   Los envió al Señor a preguntarle

Juan envía a sus discípulos hacia nuestro Señor, pero no para que le interroguen, sino para que nuestro Señor ratifique las palabras anunciadas por Juan anteriormente. Juan dirige hacia Cristo el espíritu de sus discípulos... Envió a sus discípulos a nuestro Señor para que, viendo sus milagros, fueran confirmados en su fe. Efrén de Nisibi, Comentario al Diatessaron, 9,2.


7, 24-28   Se puso a hablar de Juan a la multitud


Grandeza en el reino por la fe. Algunos se jactaban con el culto legal, los escribas y los fariseos, y con ellos algunos otros que, para creer, se mostraban observantes rigurosos de la ley y adornaban por lo mismo sus cabezas. Rechazaban la fe en Cristo y hacían depender de la ley insignificantes glorias en comparación con la vida laudable y ciertamete inmaculada, según los mandatos evangélicos... Así, para demostrar que, como he dicho, los que creen en Él son más excelentes que aquellos y que los honores de quienes dan culto a la ley son inferiores a la vida evangélica, recibe a éste, el mayor de todos -aunque entre los nacidos de mujer-, es decir, al bienaventurado Bautista. Cuando afirmó que era profeta, e incluso que excedía el grado de los profetas, y que entre los nacidos de mujer nadie había surgido mayor que él, al menos por la justicia legal, entonces dice: "El que es más pequeño -es decir, no atendiendo a su grado ni semejante a él respecto a la justicia legal- es mayor que él". No afirma que sea mayor que aquél conforme a la justicia legal, sino en el Reino de Dios, o sea, por la fe y la excelencia que proviene de la fe. Ciertamente la fe corona a quienes la reciben con honores más elevados que los de la ley...
Por esta razón es mencionado el bienaventurado Bautista, como si hubiera logrado la cima de la justicia legal y poseyera una alabanza incomparable en ella. De esta manera, también es propuesto como el más pequeño de todos respecto a "quien es mayor que él en el Reino de Dios". Ahora bien, llamamos Reino de Dios a la gracia que tiene lugar mediante la fe, pues por ella se valora todo bien, se adquiere la fecundidad de los dones de arriba e incluso a Dios. Nos libra de toda mancha, nos hace hijos de Dios, partícipes del Espíritu Santo y herederos del cielo. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 7,24.


7, 29-30   Los fariseos y los doctores de la Ley rechazarón el plan de Dios


Dios es justificado por el bautismo, mientras que los hombres se justifican confesando sus propios pecados, pues así está escrito: "Di tus iniquidades para ser justificado". Uno es justificado porque en lugar de rehusar el don de Dios por obstinación, lo reconoce por justicia; pues "justo es el Señor y ama la justicia", He aquí, pues, en qué consiste la justificación de Dios: cuando se muestra que Él ha derramado sus bienes no sobre los indignos y culpables, sino sobre aquellos que el bautismo ha hecho inocentes y justos. Justifiquemos, pues, al Señor, para ser justificados por el Señor. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 6,2.


7, 31-35   ¿Con quién voy a comparar a los hombres de esta generación?


Los príncipes de los judíos son los hombres de esta generación. Escuchemos al profeta que dice: "Ay de los que llaman malo a lo bueno y bueno a lo malo; que dan amargo por dulce y dulce por amargo; que ponen oscuridad por luz y luz por oscuridad". Así eran los israelitas, y sobre todo aquellos que eran sus príncipes, es decir, los escribas y los fariseos, de quienes Cristo dijo: "¿Con quién voy a comparar a los hombres de esta generación?". Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 7,31.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento Tomo 3,  p. 181-187
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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La resurrección del hijo de una viuda


11Después, marchó a una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. 12Al acercarse a la puerta de la ciudad, resultó que llevaban a enterrar un difunto, hijo único de su madre, que era viuda. Y la acompañaba una gran muchedumbre de la ciudad. 13El Señor la vio y se compadeció de ella. Y le dijo: "No llores". 14Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: "Muchacho, a ti te digo, levántate". 15Y el que estaba muerto se incorporó y comenzó a hablar. Y se lo entregó a su madre. 16Y se llenaron todos de temor y glorificaban a Dios diciendo: "Un gran profeta ha surgido entre nosotros", y "Dios ha visitado a su pueblo". 17Esta opinión sobre él se divulgó por toda Judea y por todas las regiones vecinas. Lucas (7, 11-17).

7,11-12   Marchó a una ciudad llamada Naín


El muerto es devuelto a la vida. Observa cómo enlaza un milagro con otro. En el anterior está presente porque ha sido llamado, en éste se acerca aunque no haya sido reclamado. Nadie le pidió la resurrección del cadáver, mas recurre a ésta por propia iniciativa. Me parece que a propósito une [este milagro] al primero. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 7,11.


7, 13-15   El Señor la vio y se compadeció de ella


La Iglesia, la madre sufriente. Aunque existe un pecado grave que no puede ser lavado con las lágrimas de tu arrepentimiento, llora por ti la madre Iglesia, que interviene por cada uno de sus hijos como una madre viuda por sus hijos únicos; pues ella se compadece, por un sufrimiento espiritual que le es connatural, cuando ve a sus hijos arrastrados hacia la muerte por vicios funestos. Somos nosotros entrañas de sus entrañas; pues también existen entrañas espirituales; Pablo las tenía, al decir: "Sí, hermano, que yo reciba de ti este gozo en el Señor; consuela en Cristo mi corazón". Somos nosotros el corazón de la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, hechos de su carne y de sus huesos. Que llore, pues, la piadosa madre, y que la multitud la asista; y no sólo la multitud, sino una multitud numerosa compadezca a la buena madre. Entonces tú te levantarás del sepulcro; los ministros de tus funerales se detendrán, y comenzarás a pronunciar palabras de vida; todos temerán, pues, por ejemplo de uno solo serán corregidos muchos; y más aún, alabarán a Dios, que nos ha concedido tales remedios para evitar la muerte. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas 5,92.


7, 16-17   Y se llenaron todos de temor y glorificaron a Dios


Las noticias se difunden. Todos los hombres debemos de estar seguros de que el Señor es Dios y, aunque haya aparecido semejante a nosotros, nos da pruebas de su poder divino en muchas ocasiones y de muy diversos modos, alejando las enfermedades, increpando a espíritus inmundos, dando la vista a los ciegos y sobre todo alejando de los cuerpos humanos la muerte, que de manera atroz y cruel "reinó desde Adán hasta Moisés, como un tirano", según la expresión del divino Pablo. Así pues, el hijo de la viuda de Naín resucitó de manera inesperada y admirable; el milagro no quedó oculto a nadie de los que estaban en toda Judea, sino que el signo divino fue conocido y era pregonado por todos como un milagro. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 7,16.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p.179-181
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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Curación del siervo del centurión



1Cuando terminó de decir todas estas palabras al pueblo que lo escuchaba, entró en Cafarnaún. 2Había allí un centurión que tenía un siervo enfermo, a punto de morir, a quien estimaba mucho. 3Habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su siervo. 4Ellos, al llegar donde Jesús, le rogaban encarecidamente diciendo: "Merece que hagas esto, 5porque aprecia a nuestro pueblo y él mismo nos ha construido la sinagoga".Jesús, pues, se puso en camino con ellos. Y no estaba ya lejos de la casa cuando el centurión le envió unos amigos para decirle: "Señor, no te tomes la molestía, porque no soy digno de que entres en mi casa, 7por eso ni siquiera yo mismo me he considerado digno de ir a tu encuentro. Pero dilo de palabra y mi criado quedará sano. 8Pues también yo soy un hombre sometido a disciplina y tengo soldados a mis órdenes. Le digo a uno: "Vete", y va; y a otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto, y lo hace". 9Al oír esto, Jesús se admiró de él, y volviéndose a la multitud que le seguía, dijo: "Os digo que ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande". 10Y cuando volvieron a casa, los enviados encontraron sano al siervo. Lucas (7, 1-10).


7, 1-2 Un centurión que tenía un siervo enfermo


Jesús demuestra su amor a los enemigos. Inmediatamente es presentado al Señor el siervo de un centurión pagano para ser curado: es una figura del pueblo gentil, que estaba retenido por las cadenas de la esclavitud del mundo, enfermo de pasiones mortales, y que el beneficio del Señor había de curar. Al decir que estaba a punto de morir, no se equivocaba el evangelista; pues, efectivamente, estaba a punto de morir, si Cristo no le hubiese curado. Ha cumplido, pues, el precepto con su caridad celestial, amando a su enemigos hasta arrancarlos de la muerte e invitarlos a la esperanza de la salvación eterna. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 5, 83.

7, 3-5   Unos ancianos de los judíos

El centurión había construido una sinagoga para la presencia de Dios. Los ancianos de los judíos para hacer meritoria la recomendación, entre otros argumentos, dijeron al Señor: "Merece que le hagas esto, porque aprecia a nuestro pueblo y él mismo nos ha construido la sinagoga". Así pues, si es recomendado al Señor quien ha construido una sinagoga, ¡cuánto más recomendable será quien ha construido una iglesia! Y si mereció benevolencia quien construyó un lugar de reunión a la impiedad, ¡cuánto mayor favor merecerá quien ha preparado un trono para la religión! Si es asistido por la misercordia divina un lugar donde siempre se niega a Cristo, ¡cuánta mayor asistencia merecerá quien ha construido el ambiente en el que todos los días se predica a Cristo! El Señor no aprobó el trabajo que el centurión había hecho, sino la intención con la que lo había hecho. Ciertamente, quien había construido con premura una sinagoga en el tiempo en que no existían los cristianos, es claro que con mucha mayor razón hubiera construido una iglesia si los cristianos ya hubieran existido. Pero al construir una sinagoga, también proclama a Cristo. Máximo de Turín, Sermón, 87,1.


7, 6-9   No soy digno de que entres en mi casa


Un ejemplo de soldado fiel. No pienses que no se puede agradar a Dios si uno milita entre las armas de la guerra. Militar era el santo David, de quien el Señor dio tan gran testimonio, y también lo eran muchos justos del Antiguo Testamento. Soldado era aquí el centurión que dijo al Señor: "No soy digno de que entres en mi casa. Pero di una palabra y mi criado quedará sano". Agustín, Cartas, 189,3.


7,10   Los enviados encontraron sano al siervo


La curación del esclavo del centurión, un signo de humildad. ¡Qué signo de humildad divina, que el Señor del cielo no haya desdeñado visitar al siervo del centurión! Brilla la fe en las obras, pero la humildad obra más eficazmente en los sentimientos. No hacía esto porque no pudiese curar a distancia, sino para darnos un ejemplo de humildad que imitar, enseñando a ser deferentes con los humildes como con los grandes. Por lo demás, en otro lugar, dijo al regidor: "Vete, tu hijo vive" para darte a conocer el poder de su divinidad y la gracia de su humildad. Allí no quiso ir para que no pareciese que en el hijo del regidor se inclinaba más hacia los ricos; aquí Él mismo se disponía a ir, para que no pareciese que en el siervo del centurión despreciaba la condición servil, pues "todos, esclavos o libres, somos uno en Cristo". Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 5, 84.


La Biblia comentada 
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p.177-179
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Marcelo Merino Rodríguez

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Cimientos seguros



47"Todo el que viene a mí y oye mis palabras y las pone en práctica, os diré a quién se parece. 48Se parece a un hombre que, al edificar una casa, cavó muy hondo y puso los cimientos sobre la roca. Al venir una inundación, el río rompió contra aquella casa, y no pudo derribarla porque estaba bien edificada. 49El que oye y no pone en práctica se parece a un hombre que edificó su casa sobre la tierra sin cimientos; rompió contra ella el río y enseguida se derrumbó, y fue tremenda la ruina de aquella casa". Lucas (6, 47-49).

6, 47-49   Puso los cimientos sobre la roca


El Señor nos indica, añadiendo otro ejemplo, cuál es la verdadera diferencia que hay entre los buenos y los malos frutos. Os manifestaré a quién es semejante todo el que viene a mí, oye mis palabras y las cumple. Se parece a un hombre que edifica su casa. Este hombre que edifica su casa es el mediador mismo entre Dios y los hombres, el hombre Cristo-Jesús, que se dignó edificar y consagrar para sí una casa querida, esto es, la santa Iglesia, en la que deseaba permanecer siempre.
Él cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca, pues se afanó en arrancar de raíz todo lo que encontró de intención terrena en el corazón de sus fieles, para que una vez arrancados los pensamientos superfluos y rudos de los viejos hábitos, pudiera Él mismo tener una masión estable e inamovible. Él mismo es la roca, sobre la que puso los cimientos de esta casa. Pues así como en la construcción de una casa nada ha de preferirse a la piedra sobre la que se ha de echar el cimiento, así también la santa Iglesia tiene en el corazón la santa piedra, es decir, Cristo...
Cuando se produjo una inundación, el torrente chocó contra la casa aquella y no pudo derribarla, pues estaba asentada sobre piedra. La exposición es clara, pues la Iglesia ha sido muchas veces sacudida por tribulaciones, pero nunca derribada. Y si algunos creyentes se apartaron vencidos por el mal, con seguridad ellos no pertenecían a esta casa, porque si hubieran tratado de mantenerse sobre la roca de la fe y no sobre la arena de la perfidia o de la ligereza, nunca habrían sido derribados, Beda, Homilías sobre los Evangelios, 2, 25.


La Escritura es el campo donde construimos la casa. El Señor, en un lugar de su Evangelio, dice que el sabio oyente de su palabra debe asemejarse al hombre que, queriendo construir un edificio, ahonda cavando hasta llegar a la estable y firme roca y sobre ella levanta ya con seguridad su construcción contra la violencia impetuosa de las aguas. Y así, cuando esas aguas se lancen con violencia sobre ella, se estrellan contra su solidez antes que convertir en ruinas aquella construcción. Hay que pensar que la Escritura divina es como un campo en el que se va a levantar un edificio. No hay que ser perezoso ni contentarse con edificar sobre la superficie; hay que cavar muy hondo, hasta llegar a la roca viva. Esta roca viva es Cristo. Agustín, Tratado sobre el Evangelio de Juan, 23, 1.


Construida sobre el fundamento de las virtudes. Cristo enseña que la base de todas las virtudes es la obediencia a los preceptos celestiales, gracias a la cual nuestra morada presente no podrá ser sacudida ni por el desbordamiento de la sensualidad, ni por el asalto de los malos espíritus, ni por la lluvia mundana, ni por las nebulosas discusiones de los herejes. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 5, 82.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p.175-176
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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La meta de las enseñanzas



39Les dijo también una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?¿No caerán los dos en el hoyo? 40No está el discípulo por encima del maestro; todo aquel que esté bien instruido podrá ser como su maestro. 41¿Por qué te fijas en la mota del ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? 42¿Cómo puedes decir a tu hermano: "Hermano, deja que te saque la mota que hay en tu ojo, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita; saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad cómo sacar la mota del ojo de tu hermano.
43Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni tampoco árbol malo que dé buen fruto. 44Pues cada árbol se conoce por su fruto; no se recogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas del zarzal. 45El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca lo bueno, y el malo de su mal saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca.
46¿Por qué me llamáis: "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo. Lucas (6, 39-46).


6, 39-42   Hermano, deja que te saque la mota que hay en tu ojo


Seguía en importancia esta parábola. Los bienaventurados apóstoles iban a ser los iniciadores y maestros de cuanto está bajo el cielo. Era necesario, por tanto, que, bien dispuestos, manifestarán todo lo referente a la piedad. Era también preciso que conocieran el camino de la vida evangélica, que fueran artífices de toda obra buena y que hicieran asequible a los instruidos el argumento correcto, salvador y exacto acerca de la verdad, porque ellos ya lo habían entendido primero y poseían un conocimiento iluminado por la luz divina, y todo para que no fueran guías ciegos de otros ciegos. En efecto, los que están sumergidos en la tiniebla de la ignorancia no pueden guiar hacia el conocimiento de la verdad a los que padecen el mismo mal. Si lo hicieran, ambos caerían en el foso del más absoluto desastre.
Vencida la jactanciosa pasión que muchos padecen de la vanidad, empeñados en aventajar en honor a sus maestros, añadió: "No está el discípulo por encima del maestro". Incluso aunque algunos se esforzaran en ello, de modo que alcanzaran en virtud a quienes los instruyeron, no superarían a sus maestros y deberían ser sus imitadores. Una vez más Pablo nos da certeza de todo esto cuando dice: "Sed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo". Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 6, 39.

6, 43-46   No hay árbol bueno que dé fruto malo


El "árbol bueno" es el Espíritu Santo, mientras que el "árbol malo" es el diablo y sus secuaces. Quien tiene el Espíritu Santo manifiesta los frutos del Espíritu, que el apóstol describe, diciendo: "Los frutos del Espíritu Santo son: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza" Quien posee el poder contrario produce cardos y espinas, frutos de las pasiones del deshonor. Orígenes, Fragmentos sobre el Ev. de Lucas, 112.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3, p.172-174
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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