Jesús come con un fariseo y perdona a una mujer pecadora



36Uno de los fariseos le rogaba que comiera con él; y entrando en casa del fariseo se recostó a la mesa. 37Y entonces una mujer pecadora que había en la ciudad, al enterarse que estaba sentado a la mesa en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro con perfume, 38y por detrás se puso a sus pies llorando y comenzó a bañarle los pies con sus lágrimas, y los enjugaba con sus cabellos, los besaba y los ungía con el perfume. 39Al ver esto el fariseo que le había invitado, se decía: "Si éste fuera profeta, sabría con certeza quién y qué clase de mujer es la que le toca: que es una pecadora". 40Jesús tomó la palabra y le dijo: "Simón, tengo que decirte una cosa". Y él contestó: "Maestro, di". 41"Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y otro cincuenta. 42Como ellos no tenían con qué pagar, se lo perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le amará más? 43"Supongo que aquel a quien perdonó más", contestó Simón. Entonces Jesús le dijo: "Has juzgado con rectitud". 44Y vuelto hacía la mujer, le dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella en cambio me ha bañado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. 45No me diste el beso. Pero ella, desde que entré no ha dejado de besar mis pies. 46No has ungido mi cabeza con aceite. Ella en cambio ha ungido mis pies con perfume. 47Por eso te digo: le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho. Aquel a quien menos se le perdona menos ama". 48Entonces le dijo a ella: "Tus pecados te son perdonados". 49Y los convidados comenzaron a decir entre sí: "¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?". 50Él le dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado; vete en paz". Lucas (7, 36-50).

7,36   Uno de los fariseos le rogaba que comiera con él

Los negocios del cielo. Veis que Cristo fue al banquete de un fariseo no para llenarse de comida para el cuerpo, sino para tratar los asuntos del cielo mientras está en este mundo. Pedro Crisólogo, Sermón, 93,2.


7, 37-38   Una mujer pecadora había en la ciudad

La mujer figura de la Iglesia, y los fariseos de la sinagoga. "Mira, dice, una mujer pecadora en la ciudad". ¿Qué mujer? Sin duda, la Iglesia...
Ella oyó que había llegado Cristo a casa del fariseo, es decir, a la sinagoga, allí, a la pascua judía, para transmitir el misterio de su pasión, para revelar el sacramento de su cuerpo y sangre, para manifestar el secreto de nuestra redención. Ignorando a los pésimos porteros escribas -¡Ay de vosotros, escribas y fariseos que poseéis la llave de la ciencia!"-, rompió las puertas de sus contradicciones y despreció la misma superioridad de los fariseos. Allí Cristo se hizo el encontradizo, en medio de copas de vino dulce y de un banquete amoroso. Pedro Crisólogo, Sermón 95,4.

7, 39-40   Si éste fuera profeta

La mujer fue la que creyó, no el fariseo. Observa el buen orden: en la casa del fariseo está la pecadora, que es glorificada; en la casa de la Ley y de los profetas no es justificado el fariseo, sino la Iglesia; pues el fariseo no creía y ella sí. Él decía: "Si éste fuera profeta sabría quién es la mujer que le toca". Luego, la casa de la Ley es Judea: ella está escrita no sobre piedras, sino sobre las tablas del corazón. Allí es justificada la Iglesia y en adelante superior a la Ley: pues la Ley ignora el perdón de los pecados; la Ley no tiene el sacramento donde son purificadas las faltas secretas y, por lo mismo, lo que falta a la Ley tiene su cumplimiento en el Evangelio. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 6,23.

7,41-43   Un prestamista tenía dos deudores

Los dos deudores representan a los judíos y gentiles. ¿Quiénes son estos dos deudores? ¿No se trata de dos pueblos: uno constituido por los judíos y el otro por los gentiles, entrampados con el acreedor de los tesoros celestiales?... El dinero que debemos a este acreedor no es material, sino el peso de los méritos, la moneda de las virtudes, cuyo valor se mide por el peso de la gravedad, el brillo de la justicia y el sonido de la alabanza. ¡Ay de mí, si no tengo lo que recibí!, o mejor, ¡qué difícil es que alguien pueda pagar íntegramente su deuda al acreedor! ¡Ay de mí, si no pido; "dame lo que me debes"! En verdad, el Señor no nos habría enseñado a pedir en la oración que sean perdonadas nuestras deudas, si no supiese que difícilmente se encontrarían deudores solventes... Consiguientemente, puesto que nada hay que podamos dar a Dios dignamente -¿qué le daremos por la humillación de la encarnación, por los golpes, por la cruz, por la muerte, por la sepultura?- ¡ay de mí, si yo no amo! No temo decir: Pedro no ha pagado, pues él ha amado más. No ha pagado Pablo; ciertamente dio muerte por muerte, pero otras cosas no pagó, pues debía mucho. Escúchale a él mismo, que dice que no pagó: "¿Quién le dio el primero que tenga derecho a recompensa?". Aun cuando paguemos cruz por cruz, muerte por muerte, ¿acaso le pagaremos el tener todas las cosas de Él y en Él?. Luego, paguemos amor por nuestra deuda, caridad por el beneficio, gratitud por el precio de su sangre; pues ama más aquel a quien más se le ha dado. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 6, 24-26.


7, 44-48   Ella en cambio ha ungido mis pies con perfume


Jesús realiza milagros que curan los pecados de la mujer. La gloria del médico es curar al enfermo. Nuestro Señor obró esto para mayor desgracia del fariseo, quien había desacreditado la gloria de nuestro Médico. Él obró milagros en las calles, los obró aún mayores dentro de la casa del fariseo. En las calles curó cuerpos enfermos, pero dentro curó almas enfermas. Fuera, dio vida a la muerte de Lázaro. Dentro dio vida a la muerte de la pecadora. Restauró el alma a un cuerpo que estaba muerto, y extirpó el pecado mortal de la pecadora en quien moraba. Ese fariseo ciego, para quienes los milagros no eran suficientes, desacreditó lo común que vio por aquello grandioso que no vio. Efrén de Nisibi, Sermón sobre Nuestro Señor, 42,2. 


7, 49-50   Vete en paz


Jesús muestra ser profeta perdonando los pecados. Vino para que los que debían mucho o poco fueran perdonados, y para mostrar misericordia hacia lo mucho y lo poco, de manera que ya no existiera nadie que no participara de su bondad. Como prenda y ejemplo de su gracia liberó a la mujer pecadora de sus muchos errores, diciendo: "Tus pecados quedan pedonados". Es propio de Dios una palabra así; se trata de una expresión de suprema autoridad. Con la Ley fueron condenados los pecados; ahora bien, ¿quién puede declarar cosas por encima de la Ley excepto el que la sanciona? Ciertamente, al mismo tiempo que libera a la mujer dirige la atención del fariseo y de los presentes hacia cosas mejores. De esta manera aprendían que el Verbo no era un profeta más, sino que estaba por encima de lo humano; aunque se hizo hombre, era también Dios. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 7, 49.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 189-195
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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Juan el Bautista y Jesús



18Informaron a Juan sus discípulos de todas estas cosas. 19Juan llamó a dos de ellos, y los envió al Señor a preguntarle: "¿Eres tú el que va a venir o esperamos a otro?" 20Cuando aquellos hombres se presentaron ante Él le dijeron: "Juan el Bautista nos ha enviado a ti a preguntarte: "¿Eres tú el que va a venir o esperamos a otro?". 21En aquel momento curó a muchos de sus enfermedades, de dolencias y de malos espíritus y dio la vista a muchos ciegos. 22Y les respondió: "Id y anunciadle a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. 23Y bienaventurado el que no se escandalice de mí".
24Cuando los enviados de Juan se marcharon, se puso ha hablar de Juan a la multitud: "¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 25Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre vestido con unos finos ropajes? Daos cuenta de que los que visten con lujo y viven entre placeres están en palacios de reyes. 26Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os lo aseguro, y más que a un profeta. 27Éste es de quien está escrito:
    "Mira que envío a mi mensajero delante de ti,
   para que vaya preparándote el camino". 
28"Os digo que entre los nacidos de mujer nadie hay mayor que Juan; pero el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él. 29Y todo el pueblo -incluso los publicanos- le escuchó y reconoció la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Juan. 30Pero los fariseos y los doctores de la Ley rechazaron el plan de Dios sobre ellos al no querer ser bautizados por él.
31"Así pues, ¿con quién voy a comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? 32Se parecen a los niños sentados en la plaza y que se gritan unos a otros aquello que dice:
   "Hemos tocado para vosotros la flauta
   y no habéis bailado;
   hemos cantado lamentaciones
   y no habéis llorado".
33"Porque viene Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y decís: "Tiene un demonio". 34Viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: "Fijaos: un hombre comilón y bebedor, amigo de publicanos y de pecadores". 35Pero la sabiduría queda acreditada por todos sus hijos". Lucas (7, 18-35).

7, 18-23   Los envió al Señor a preguntarle

Juan envía a sus discípulos hacia nuestro Señor, pero no para que le interroguen, sino para que nuestro Señor ratifique las palabras anunciadas por Juan anteriormente. Juan dirige hacia Cristo el espíritu de sus discípulos... Envió a sus discípulos a nuestro Señor para que, viendo sus milagros, fueran confirmados en su fe. Efrén de Nisibi, Comentario al Diatessaron, 9,2.


7, 24-28   Se puso a hablar de Juan a la multitud


Grandeza en el reino por la fe. Algunos se jactaban con el culto legal, los escribas y los fariseos, y con ellos algunos otros que, para creer, se mostraban observantes rigurosos de la ley y adornaban por lo mismo sus cabezas. Rechazaban la fe en Cristo y hacían depender de la ley insignificantes glorias en comparación con la vida laudable y ciertamete inmaculada, según los mandatos evangélicos... Así, para demostrar que, como he dicho, los que creen en Él son más excelentes que aquellos y que los honores de quienes dan culto a la ley son inferiores a la vida evangélica, recibe a éste, el mayor de todos -aunque entre los nacidos de mujer-, es decir, al bienaventurado Bautista. Cuando afirmó que era profeta, e incluso que excedía el grado de los profetas, y que entre los nacidos de mujer nadie había surgido mayor que él, al menos por la justicia legal, entonces dice: "El que es más pequeño -es decir, no atendiendo a su grado ni semejante a él respecto a la justicia legal- es mayor que él". No afirma que sea mayor que aquél conforme a la justicia legal, sino en el Reino de Dios, o sea, por la fe y la excelencia que proviene de la fe. Ciertamente la fe corona a quienes la reciben con honores más elevados que los de la ley...
Por esta razón es mencionado el bienaventurado Bautista, como si hubiera logrado la cima de la justicia legal y poseyera una alabanza incomparable en ella. De esta manera, también es propuesto como el más pequeño de todos respecto a "quien es mayor que él en el Reino de Dios". Ahora bien, llamamos Reino de Dios a la gracia que tiene lugar mediante la fe, pues por ella se valora todo bien, se adquiere la fecundidad de los dones de arriba e incluso a Dios. Nos libra de toda mancha, nos hace hijos de Dios, partícipes del Espíritu Santo y herederos del cielo. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 7,24.


7, 29-30   Los fariseos y los doctores de la Ley rechazarón el plan de Dios


Dios es justificado por el bautismo, mientras que los hombres se justifican confesando sus propios pecados, pues así está escrito: "Di tus iniquidades para ser justificado". Uno es justificado porque en lugar de rehusar el don de Dios por obstinación, lo reconoce por justicia; pues "justo es el Señor y ama la justicia", He aquí, pues, en qué consiste la justificación de Dios: cuando se muestra que Él ha derramado sus bienes no sobre los indignos y culpables, sino sobre aquellos que el bautismo ha hecho inocentes y justos. Justifiquemos, pues, al Señor, para ser justificados por el Señor. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 6,2.


7, 31-35   ¿Con quién voy a comparar a los hombres de esta generación?


Los príncipes de los judíos son los hombres de esta generación. Escuchemos al profeta que dice: "Ay de los que llaman malo a lo bueno y bueno a lo malo; que dan amargo por dulce y dulce por amargo; que ponen oscuridad por luz y luz por oscuridad". Así eran los israelitas, y sobre todo aquellos que eran sus príncipes, es decir, los escribas y los fariseos, de quienes Cristo dijo: "¿Con quién voy a comparar a los hombres de esta generación?". Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 7,31.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento Tomo 3,  p. 181-187
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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La resurrección del hijo de una viuda


11Después, marchó a una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. 12Al acercarse a la puerta de la ciudad, resultó que llevaban a enterrar un difunto, hijo único de su madre, que era viuda. Y la acompañaba una gran muchedumbre de la ciudad. 13El Señor la vio y se compadeció de ella. Y le dijo: "No llores". 14Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: "Muchacho, a ti te digo, levántate". 15Y el que estaba muerto se incorporó y comenzó a hablar. Y se lo entregó a su madre. 16Y se llenaron todos de temor y glorificaban a Dios diciendo: "Un gran profeta ha surgido entre nosotros", y "Dios ha visitado a su pueblo". 17Esta opinión sobre él se divulgó por toda Judea y por todas las regiones vecinas. Lucas (7, 11-17).

7,11-12   Marchó a una ciudad llamada Naín


El muerto es devuelto a la vida. Observa cómo enlaza un milagro con otro. En el anterior está presente porque ha sido llamado, en éste se acerca aunque no haya sido reclamado. Nadie le pidió la resurrección del cadáver, mas recurre a ésta por propia iniciativa. Me parece que a propósito une [este milagro] al primero. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 7,11.


7, 13-15   El Señor la vio y se compadeció de ella


La Iglesia, la madre sufriente. Aunque existe un pecado grave que no puede ser lavado con las lágrimas de tu arrepentimiento, llora por ti la madre Iglesia, que interviene por cada uno de sus hijos como una madre viuda por sus hijos únicos; pues ella se compadece, por un sufrimiento espiritual que le es connatural, cuando ve a sus hijos arrastrados hacia la muerte por vicios funestos. Somos nosotros entrañas de sus entrañas; pues también existen entrañas espirituales; Pablo las tenía, al decir: "Sí, hermano, que yo reciba de ti este gozo en el Señor; consuela en Cristo mi corazón". Somos nosotros el corazón de la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, hechos de su carne y de sus huesos. Que llore, pues, la piadosa madre, y que la multitud la asista; y no sólo la multitud, sino una multitud numerosa compadezca a la buena madre. Entonces tú te levantarás del sepulcro; los ministros de tus funerales se detendrán, y comenzarás a pronunciar palabras de vida; todos temerán, pues, por ejemplo de uno solo serán corregidos muchos; y más aún, alabarán a Dios, que nos ha concedido tales remedios para evitar la muerte. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas 5,92.


7, 16-17   Y se llenaron todos de temor y glorificaron a Dios


Las noticias se difunden. Todos los hombres debemos de estar seguros de que el Señor es Dios y, aunque haya aparecido semejante a nosotros, nos da pruebas de su poder divino en muchas ocasiones y de muy diversos modos, alejando las enfermedades, increpando a espíritus inmundos, dando la vista a los ciegos y sobre todo alejando de los cuerpos humanos la muerte, que de manera atroz y cruel "reinó desde Adán hasta Moisés, como un tirano", según la expresión del divino Pablo. Así pues, el hijo de la viuda de Naín resucitó de manera inesperada y admirable; el milagro no quedó oculto a nadie de los que estaban en toda Judea, sino que el signo divino fue conocido y era pregonado por todos como un milagro. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 7,16.


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por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p.179-181
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Marcelo Merino Rodríguez

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Curación del siervo del centurión



1Cuando terminó de decir todas estas palabras al pueblo que lo escuchaba, entró en Cafarnaún. 2Había allí un centurión que tenía un siervo enfermo, a punto de morir, a quien estimaba mucho. 3Habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su siervo. 4Ellos, al llegar donde Jesús, le rogaban encarecidamente diciendo: "Merece que hagas esto, 5porque aprecia a nuestro pueblo y él mismo nos ha construido la sinagoga".Jesús, pues, se puso en camino con ellos. Y no estaba ya lejos de la casa cuando el centurión le envió unos amigos para decirle: "Señor, no te tomes la molestía, porque no soy digno de que entres en mi casa, 7por eso ni siquiera yo mismo me he considerado digno de ir a tu encuentro. Pero dilo de palabra y mi criado quedará sano. 8Pues también yo soy un hombre sometido a disciplina y tengo soldados a mis órdenes. Le digo a uno: "Vete", y va; y a otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto, y lo hace". 9Al oír esto, Jesús se admiró de él, y volviéndose a la multitud que le seguía, dijo: "Os digo que ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande". 10Y cuando volvieron a casa, los enviados encontraron sano al siervo. Lucas (7, 1-10).


7, 1-2 Un centurión que tenía un siervo enfermo


Jesús demuestra su amor a los enemigos. Inmediatamente es presentado al Señor el siervo de un centurión pagano para ser curado: es una figura del pueblo gentil, que estaba retenido por las cadenas de la esclavitud del mundo, enfermo de pasiones mortales, y que el beneficio del Señor había de curar. Al decir que estaba a punto de morir, no se equivocaba el evangelista; pues, efectivamente, estaba a punto de morir, si Cristo no le hubiese curado. Ha cumplido, pues, el precepto con su caridad celestial, amando a su enemigos hasta arrancarlos de la muerte e invitarlos a la esperanza de la salvación eterna. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 5, 83.

7, 3-5   Unos ancianos de los judíos

El centurión había construido una sinagoga para la presencia de Dios. Los ancianos de los judíos para hacer meritoria la recomendación, entre otros argumentos, dijeron al Señor: "Merece que le hagas esto, porque aprecia a nuestro pueblo y él mismo nos ha construido la sinagoga". Así pues, si es recomendado al Señor quien ha construido una sinagoga, ¡cuánto más recomendable será quien ha construido una iglesia! Y si mereció benevolencia quien construyó un lugar de reunión a la impiedad, ¡cuánto mayor favor merecerá quien ha preparado un trono para la religión! Si es asistido por la misercordia divina un lugar donde siempre se niega a Cristo, ¡cuánta mayor asistencia merecerá quien ha construido el ambiente en el que todos los días se predica a Cristo! El Señor no aprobó el trabajo que el centurión había hecho, sino la intención con la que lo había hecho. Ciertamente, quien había construido con premura una sinagoga en el tiempo en que no existían los cristianos, es claro que con mucha mayor razón hubiera construido una iglesia si los cristianos ya hubieran existido. Pero al construir una sinagoga, también proclama a Cristo. Máximo de Turín, Sermón, 87,1.


7, 6-9   No soy digno de que entres en mi casa


Un ejemplo de soldado fiel. No pienses que no se puede agradar a Dios si uno milita entre las armas de la guerra. Militar era el santo David, de quien el Señor dio tan gran testimonio, y también lo eran muchos justos del Antiguo Testamento. Soldado era aquí el centurión que dijo al Señor: "No soy digno de que entres en mi casa. Pero di una palabra y mi criado quedará sano". Agustín, Cartas, 189,3.


7,10   Los enviados encontraron sano al siervo


La curación del esclavo del centurión, un signo de humildad. ¡Qué signo de humildad divina, que el Señor del cielo no haya desdeñado visitar al siervo del centurión! Brilla la fe en las obras, pero la humildad obra más eficazmente en los sentimientos. No hacía esto porque no pudiese curar a distancia, sino para darnos un ejemplo de humildad que imitar, enseñando a ser deferentes con los humildes como con los grandes. Por lo demás, en otro lugar, dijo al regidor: "Vete, tu hijo vive" para darte a conocer el poder de su divinidad y la gracia de su humildad. Allí no quiso ir para que no pareciese que en el hijo del regidor se inclinaba más hacia los ricos; aquí Él mismo se disponía a ir, para que no pareciese que en el siervo del centurión despreciaba la condición servil, pues "todos, esclavos o libres, somos uno en Cristo". Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 5, 84.


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por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p.177-179
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Cimientos seguros



47"Todo el que viene a mí y oye mis palabras y las pone en práctica, os diré a quién se parece. 48Se parece a un hombre que, al edificar una casa, cavó muy hondo y puso los cimientos sobre la roca. Al venir una inundación, el río rompió contra aquella casa, y no pudo derribarla porque estaba bien edificada. 49El que oye y no pone en práctica se parece a un hombre que edificó su casa sobre la tierra sin cimientos; rompió contra ella el río y enseguida se derrumbó, y fue tremenda la ruina de aquella casa". Lucas (6, 47-49).

6, 47-49   Puso los cimientos sobre la roca


El Señor nos indica, añadiendo otro ejemplo, cuál es la verdadera diferencia que hay entre los buenos y los malos frutos. Os manifestaré a quién es semejante todo el que viene a mí, oye mis palabras y las cumple. Se parece a un hombre que edifica su casa. Este hombre que edifica su casa es el mediador mismo entre Dios y los hombres, el hombre Cristo-Jesús, que se dignó edificar y consagrar para sí una casa querida, esto es, la santa Iglesia, en la que deseaba permanecer siempre.
Él cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca, pues se afanó en arrancar de raíz todo lo que encontró de intención terrena en el corazón de sus fieles, para que una vez arrancados los pensamientos superfluos y rudos de los viejos hábitos, pudiera Él mismo tener una masión estable e inamovible. Él mismo es la roca, sobre la que puso los cimientos de esta casa. Pues así como en la construcción de una casa nada ha de preferirse a la piedra sobre la que se ha de echar el cimiento, así también la santa Iglesia tiene en el corazón la santa piedra, es decir, Cristo...
Cuando se produjo una inundación, el torrente chocó contra la casa aquella y no pudo derribarla, pues estaba asentada sobre piedra. La exposición es clara, pues la Iglesia ha sido muchas veces sacudida por tribulaciones, pero nunca derribada. Y si algunos creyentes se apartaron vencidos por el mal, con seguridad ellos no pertenecían a esta casa, porque si hubieran tratado de mantenerse sobre la roca de la fe y no sobre la arena de la perfidia o de la ligereza, nunca habrían sido derribados, Beda, Homilías sobre los Evangelios, 2, 25.


La Escritura es el campo donde construimos la casa. El Señor, en un lugar de su Evangelio, dice que el sabio oyente de su palabra debe asemejarse al hombre que, queriendo construir un edificio, ahonda cavando hasta llegar a la estable y firme roca y sobre ella levanta ya con seguridad su construcción contra la violencia impetuosa de las aguas. Y así, cuando esas aguas se lancen con violencia sobre ella, se estrellan contra su solidez antes que convertir en ruinas aquella construcción. Hay que pensar que la Escritura divina es como un campo en el que se va a levantar un edificio. No hay que ser perezoso ni contentarse con edificar sobre la superficie; hay que cavar muy hondo, hasta llegar a la roca viva. Esta roca viva es Cristo. Agustín, Tratado sobre el Evangelio de Juan, 23, 1.


Construida sobre el fundamento de las virtudes. Cristo enseña que la base de todas las virtudes es la obediencia a los preceptos celestiales, gracias a la cual nuestra morada presente no podrá ser sacudida ni por el desbordamiento de la sensualidad, ni por el asalto de los malos espíritus, ni por la lluvia mundana, ni por las nebulosas discusiones de los herejes. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 5, 82.


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por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p.175-176
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Marcelo Merino Rodríguez

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La meta de las enseñanzas



39Les dijo también una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?¿No caerán los dos en el hoyo? 40No está el discípulo por encima del maestro; todo aquel que esté bien instruido podrá ser como su maestro. 41¿Por qué te fijas en la mota del ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? 42¿Cómo puedes decir a tu hermano: "Hermano, deja que te saque la mota que hay en tu ojo, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita; saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad cómo sacar la mota del ojo de tu hermano.
43Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni tampoco árbol malo que dé buen fruto. 44Pues cada árbol se conoce por su fruto; no se recogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas del zarzal. 45El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca lo bueno, y el malo de su mal saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca.
46¿Por qué me llamáis: "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo. Lucas (6, 39-46).


6, 39-42   Hermano, deja que te saque la mota que hay en tu ojo


Seguía en importancia esta parábola. Los bienaventurados apóstoles iban a ser los iniciadores y maestros de cuanto está bajo el cielo. Era necesario, por tanto, que, bien dispuestos, manifestarán todo lo referente a la piedad. Era también preciso que conocieran el camino de la vida evangélica, que fueran artífices de toda obra buena y que hicieran asequible a los instruidos el argumento correcto, salvador y exacto acerca de la verdad, porque ellos ya lo habían entendido primero y poseían un conocimiento iluminado por la luz divina, y todo para que no fueran guías ciegos de otros ciegos. En efecto, los que están sumergidos en la tiniebla de la ignorancia no pueden guiar hacia el conocimiento de la verdad a los que padecen el mismo mal. Si lo hicieran, ambos caerían en el foso del más absoluto desastre.
Vencida la jactanciosa pasión que muchos padecen de la vanidad, empeñados en aventajar en honor a sus maestros, añadió: "No está el discípulo por encima del maestro". Incluso aunque algunos se esforzaran en ello, de modo que alcanzaran en virtud a quienes los instruyeron, no superarían a sus maestros y deberían ser sus imitadores. Una vez más Pablo nos da certeza de todo esto cuando dice: "Sed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo". Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 6, 39.

6, 43-46   No hay árbol bueno que dé fruto malo


El "árbol bueno" es el Espíritu Santo, mientras que el "árbol malo" es el diablo y sus secuaces. Quien tiene el Espíritu Santo manifiesta los frutos del Espíritu, que el apóstol describe, diciendo: "Los frutos del Espíritu Santo son: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza" Quien posee el poder contrario produce cardos y espinas, frutos de las pasiones del deshonor. Orígenes, Fragmentos sobre el Ev. de Lucas, 112.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3, p.172-174
Director de la edición en castellano
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Amor a los enemigos




27"Pero a vosotros que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian; 28bendecid a los que os maldicen y rogad por los que os calumnian. 29Al que te pegue en una mejilla ofrécele también la otra, y al que te quite el manto no le niegues tampoco la túnica. 30Da a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. 31Como queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo de igual manera con ellos.
32Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores aman a quienes les aman. 33Y si hacéis el bien a quienes os hacen el bien, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores hacen lo mismo. 43Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto. 35Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada por ello; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y con los malos. 36Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso.
37No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados; 38dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante: porque con la misma medida con la que midáis se os medirá". Lucas (6, 27-38).

6, 27-34   Amad a vuestros enemigos


Amar a los enemigos es amar al mundo. Se nos manda y se nos prohíbe amar al mundo. Se nos prohíbe cuando dice: "No améis al mundo"; y se nos manda en aquellas palabras: "Amad a vuestros enemigos". Éstos son el mundo que nos odia. Se nos prohíbe, pues, amar en él lo que él ama en sí mismo; y se nos manda amar en él lo que él en sí mismo odia, esto es, la hechura de Dios y los múltiples consuelos de su bondad. Se nos prohíbe amar sus vicios y se nos manda amar su naturaleza, ya que él ama sus vicios y odia su naturaleza, a fin de que nosotros lo amemos y lo odiemos con rectitud, ya que él se ama y se odia con perversidad. Agustín, Tratado sobre el Ev. de Juan, 87,4.


6, 35-36   Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso


Es evidente que las señales de esta imagen divina en el hombre pueden ser reconocidas, no en la forma del cuerpo corruptible, sino en la prudencia de la inteligencia, en la justicia, en la moderación, en la fortaleza, en la sabiduría, en la disciplina y finalmente en todo el coro de virtudes, presentes en Dios por razón de la sustancia, y en el hombre por su actividad y por imitación de Dios, conforme a lo que dice el Señor en el Evangelio: "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso" y "sed perfectos como vuestro Padre es perfecto". Orígenes, Los primeros principios, 4, 4, 10.


6, 37-38   No juzguéis y no seréis juzgados


El papel de la misericordia es doble: perdonar las injurias y dar pruebas de humanidad; ambos los compendió brevemente el Señor diciendo: "Perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará". Esta actividad vale igualmente para purificar el corazón y poder así contemplar con pura inteligencia, en cuanto es posible en esta vida, la inmutable sustancia de Dios. Ante nosotros tenemos un obstáculo y hay que eliminarlo, para que nuestra mirada penetre en la luz. Por eso dijo el Señor: "Dad limosna, y todas las cosas serán puras para vosotros". Y por eso sigue el sexto consejo, que es la pureza de corazón. Agustín, Cartas, 171. A.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p.166-171
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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