La oración del Señor



1Estaba haciendo oración en cierto lugar. Y cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: "Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos". 2Él les respondió: "Cuando oréis, decid:
   Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino; 3sigue dándonos cada día nuestro pan cotidiano; 4y perdónanos nuestros pecados, puesto que también nosotros perdonamos a todo el que nos debe; y no nos pongas en tentación".
   5Y les dijo: "¿Quién de vosotros que tenga un amigo y acuda a él a media noche y le diga: "Amigo, préstame tres panes, 6porque un amigo mío me ha llegado de viaje y no tengo qué ofrecerle", 7le responderá desde dentro: "No me molestes, ya está cerrada la puerta; los míos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos"? 8Os digo que, si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos por su impertinencia se levantará para darle cuanto necesite. 9Así pues, yo os digo: pedid y se os dará; bucad y encontraréis; llamad y se os abrirá; 10porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. 11¿Qué padre de entre vosotros, si un hijo suyo le pide un pez, en lugar de un pez le da una serpiente? 12¿O si le pide un huevo, le da un escorpión? 13Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?". Lucas (11, 1-13).


11, 1-4 Padre santificado sea tu Nombre


El discípulo quiere saber cómo pide Jesús al Padre. Yo particularmente pienso que alguno de los discípulos de Jesús era consciente de lo mucho que la debilidad humana dista del recto modo de orar... Pero ¿es que un hombre alimentado con la doctrina de la Ley y con la audición frecuente de los discursos proféticos, asiduo asistente de la sinagoga, no sabía cómo se había de orar hasta que vio al Señor orando en cierto lugar? Afirmar esto parece absurdo. Oraba, es cierto, al modo judío, pero en aquel lugar de oración vio con mayor claridad su propia indigencia. Orígenes, Sobre la oración, 2, 4.


11, 5-8   ¿Quién de vosotros que tenga un amigo y acuda a él a media noche...?


Dios da con abundancia. Un hombre, que recibió a un amigo que venía de camino, no tenía nada que poner en la mesa; esto le obligó a ir a buscar tres panes prestados a casa de otro amigo, en los cuales se simboliza quizá la Trinidad en una sola sustancia. El hombre encontró a su amigo ya acostado, con todos los siervos, pero le despertó, llamando con mayor insistencia y molestia para que le diese los panes deseados. Y tuvo el amigo que dárselos más bien por librarse de la molestia que pensando en la benevolencia. Ese ejemplo nos puso Cristo para que entendamos que, si el que está dormido y despertado contra su voluntad por un pedigüeño se ve obligado a dar, con mayor benignidad nos dará [Dios], que no puede dormir y hasta nos despierta a nosotros cuando dormimos para que pidamos. Agustín, Cartas, 130, 8, 15.


11, 9-13   El Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan


Pedir en la oración, buscar la vida sincera, insistir con constancia. Nuestro Señor y Salvador, desando que llegásemos a los gozos del reino celestial, no sólo nos enseñó a pedir estos gozos, sino que prometió que Él nos los daría cuando lo pidiéramos. "Pedid -dice- y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá". Hermanos carísimos, debemos meditar estas palabras del Señor intensamente y con todo nuestro corazón, porque ciertamente atestiguan que el reino de los cielos no se ha de dar ni encontrar ni abrir a los negligentes y a los ociosos, sino a los que piden, a los que buscan y a los que llaman. Beda, Homilías sobre los Evangelios, 2, 14.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 261-268
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Marcelo Merino Rodríguez

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La parábola del buen samaritano



25Entonces un doctor de la Ley se levantó y dijo para tentarle: "Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?" 26Él le contestó: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees tú?". 27Y éste respondió: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo". 28Y le dijo: "Has respondido bien: haz esto y vivirás".
   29Pero él, queriendo justificarse, le dijo a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?". 30Entonces Jesús, tomando la palabra, dijo: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de haberle despojado, le cubrieron de heridas y se marcharon, dejándolo medio muerto. 31Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote y, al verlo, pasó de largo. 32Igualmente, un levita llegó cerca de aquel lugar y, al verlo, también pasó de largo.
   33Pero un samaritano que iba de viaje se llegó hasta él y, al verlo, se llenó de compasión. 34Se acercó y le vendó las heridas echando en ellas aceite y vino. Lo montó en su propia cabalgadura, lo condujo a la posada y él mismo lo cuidó.
   35Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más te los daré a mi vuelta". 36¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los salteadores?". 37Él le dijo: "El que tuvo misericordia con él". "Pues anda -le dijo Jesús-, y haz tú lo mismo" Lucas (10, 25-37).


10, 25   Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?


El misterio de la encarnación. Cualquiera que conociera el misterio de la economía salvífica en la carne le diría [al doctor de la Ley]: Si conoces la Ley y el significado escondido en ella, no ignorarías que estás tratando de tentar. En efecto, piensas que es un simple hombre, y sólo eso; no [piensas] más bien que es Dios manifestado en forma humana, que conoce los secretos y puede escrutar los corazones de los que se acercan; que también para ti es el Emmanuel prefigurado de muchas maneras mediante la sombra de Moisés. Allí le viste inmolado ciertamente como un cordero, pero victorioso ante el destructor y que con su propia sangre destruyó la muerte. Le viste en forma de arca en la que se encerraba la Ley divina; ciertamente, estaba en su santa carne como en un arca, cuando en realidad era el Verbo de Dios, su Hijo nacido según la naturaleza. Le viste como propiciatorio en el tabernáculo sagrado, rodeado de serafines; en verdad es propiciatorio por nuestros pecados, pero también hecho hombre es alabado por serafines, es decir, por los poderes soberanos, racionales y santos que permanecen en pie alrededor de su excelso y divino trono. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 68.


10, 26-28   Amarás al Señor tu Dios... y a tu prójimo


Dos alas sostienen la enseñanza. "¿Cuál es más grande y principal mandamiento de la Ley? Él le respondió: Amarás al Señor tu Dios y al prójimo como a ti mismo"... Toda la enseñanza del Señor se sostiene, como con dos alas, mediante los dos preceptos: con el amor a Dios y con el amor hacia los hombres. Efrén de Nisibi, Comentario al Diatessaron, 16, 23.

10, 29   ¿Y quién es mi prójimo?


El que muestra compasión es el prójimo. Enseña [el Señor] que el hombre que descendía fue prójimo sólo para aquel que quería guardar los mandamientos y prepararse a ser prójimo de todo aquel que necesite ayuda. Esto es lo que se encuentra al final de la parábola: "¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?". Ni el sacerdote ni el levita fueron su prójimo, sino que su prójimo fue, conforme a la respuesta del doctor de la Ley: "El que tuvo misericordia con él". Por eso el Salvador añade: "Vete y haz tú lo mismo". Orígenes, Homilías sobre el Ev. de Lucas, 34, 2.

10, 30-35   Un samaritano que iba de viaje


Jericó, imagen del mundo. En efecto, Jericó es una figura de este mundo, a donde descendió Adán arrojado del paraíso, es decir, de aquella Jerusalén celeste, por su prevaricadora caída, pasando de la vida a la muerte; destierro éste de su naturaleza que le ocasionó un cambio, no ciertamente de lugar, pero si de costumbres. Y así quedó un Adán bien distinto de aquel primero que gozaba de una felicidad sin ocaso, pero que tan pronto como se lanzó a los pecados de este mundo, cayó en manos de los ladrones, a los que no habría venido a parar si no se hubiese apartado del mandato divino. ¿Quiénes son estos ladrones sino los ángeles de la noche y de las tinieblas, que se transforman a veces en ángeles de luz, aunque es un hecho que no puedan permanecer mucho tiempo en ese estado? Éstos, primero nos despojan del vestido de la gracia espiritual que recibimos, y así es como de ordinario logran sus primeros impactos; pero, si guardamos inatactos los vestidos recibidos, no sentiremos los golpes de los ladrones. Ten, pues, cuidado para no ser despojado, como lo fue Adán, de la protección del precepto celestial y privado del vestido de la fe, ya que a eso se debió que él fuera herido mortalmente, herida mortal que se habría propagado a todo el género humano, si aquel buen samaritano, bajando del cielo, no hubiese curado esas peligrosas llagas. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 7, 73.


10, 36-37   ¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo?


Cristo desea ser nuestro prójimo. De ahí que también el mismo Señor y Dios nuestro quiso llamarse nuestro prójimo, pues Jesucristo, nuestro Señor, se simbolizó en el que socorrió al hombre tendido en el camino, herido, semivivo y abandonado por los ladrones. Asimismo el profeta dice en su oración "como prójimo y hermano nuestro así me complacía". Pero como la naturaleza divina es infinitamente superior a la nuestra, por eso el precepto del amor a Dios es distinto del amor al prójimo. Él nos ofrece su misericordia sólo por su bondad; nosotros nos ayudamos mutuamente puesta la mirada en Él; es decir, Dios se apiada de nosotros para que le gocemos, nosotros nos apiadamos mutuamente para gozarle. Agustín, Sobre la doctrina cristiana, 1, 30, 33.

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por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 252-258
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Marcelo Merino Rodríguez

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El regreso de los setenta y dos



17Volvieron los setenta y dos llenos de alegría diciendo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre". 18Él les dijo: "Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo. 19Mirad, os he dado potestad para aplastar serpientes y escorpiones y sobre todo cualquier poder del enemigo, de manera que nada podrá haceros daño. 20Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo".
   21En aquel mismo momento se llenó de gozo en el Espíritu Santo y dijo: "Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños. Si, Padre, porque así te ha parecido bien. 22Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo".
   23Y volviendose hacia los discípulos les dijo aparte: "Bienaventurados los ojos que ven lo que estáis viendo. 24Pues os aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros estáis viendo y no lo vieron; y oír lo que estáis oyendo y no lo oyeron" Lucas (10, 17-24).


10, 17-20   Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre


Puesto que Cristo había dicho: "La mies es mucha, pero los obreros pocos", nuevamente designó con los primeros a otros setenta y dos y los envió delante de Él a todos los pueblos y ciudades de Judea, para que fueran sus precursores y hablaran de Él. Los envió deslumbrantes con la gracia del Espíritu Santo y coronados con el poder de realizar milagros... En verdad, recibieron el poder de increpar a los espíritus malos y de aplastar a Satanás, no para atraer la admiración sobre ellos mismos, sino para que Cristo fuera albado por aquellos catecúmenos que creyeran que Cristo era Dios e Hijo de Dios por naturaleza. Y fuese tal la alabanza, la preeminencia y el poder, que tuvieran también la potestad de aplastar a Satanás bajo sus pies. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 64.


10, 21-22   Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra

Jesús se regocija en el Espíritu Santo. Los envió adornados óptimamente con las dignidades apostólicas y los mostró dotados con la ayuda de la gracia del Espíritu Santo. Les confirió autoridad sobre los espíritus inmundos para que pudieran arrojarlos fuera. Como ya he manifestado, habiendo realizado muchos prodigios, éstos "regresaron diciendo: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre". Como he dicho anteriormente, [el Señor] estaba lleno de alegría, es decir, exultaba, porque sabía bien que los que había enviado habían beneficiado a muchos, y ellos mismos habían aprendido su gloria por experiencia. Así pues, el que es bueno y ama a los hombres, queriendo salvar a todos los hombres se convierte en causa de alegría, conversión de los equivocados, luz de los que están en tinieblas y conversión de los ignorantes e indóciles mediante el reconocimiento de la gloria divina. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 65.


10, 23-24   Bienaventurados los ojos que ven lo que estáis viendo


El poder del Reino de Dios. Dio a los santos apóstoles autoridad y poder incluso para resucitar muertos, limpiar a los leprosos, curar a los enfermos e invocar al Espíritu Santo sobre aquellos a los que imponían las manos. Les dio el poder de atar y desatar los pecados de los hombres. "Os aseguro -dijo- que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo". En la condición en que nos encontramos esto es lo que podemos ver, y dichosos sean nuestros ojos y los de todos los que aman a Cristo. Hemos escuchado su sagrado misterio. Nos ha enseñado las cosas que se refieren a Dios Padre, y nos lo ha mostrado en su propia naturaleza. Aquellas cosas que gracias a Moisés eran tipos y figuras, Cristo las ha manifestado ante nosotros en verdad. Hemos aprendido a adorar al que es incorpóreo, inmaterial e incomprensible para toda mente, no con sangre ni humo, sino con sacrificios espirituales. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 67.


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por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 249-252
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Marcelo Merino Rodríguez

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Jesús envía a los setenta y dos



1Después de esto designó el Señor a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir. 2Y les decía: "La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al señor de la mies que envíe obreros a su mies. 3Id; mirad que yo os envío como corderos en medio de lobos. 4No llevéis bolsa ni alforja ni sandalias, y no saludéis a nadie por el camino. 5En la casa en que entréis decid primero: "Paz a esta casa". 6Y si allí hubiera algún hijo de la paz, descansará sobre él vuestra paz; de lo contrario, retornará a vosotros. 7Permaneced en la misma casa comiendo y bebiendo de lo que tengan, porque el que trabaja merece su salario. No vayáis de casa en casa. 8Y en la ciudad donde entréis y os reciban, comed lo que os pongan; 9curad a los enfermos que haya en ella y decidles: "El Reino de Dios está cerca de vosotros". 10Pero en la ciudad donde entréis y no os acojan, salid a sus plazas y decid: 11"Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies lo sacudimos contra vosotros; pero sabed esto: el Reino de Dios está cerca". 12Os digo que en aquel día Sodoma será tratada con menos rigor que aquella ciudad.
   13"¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón hubieran sido realizados los milagros que se han obrado en vosotras, hace tiempo que habrían hecho penitencia sentados en saco y ceniza. 14Sin embargo, en el juicio Tiro y Sidón serán tratados con menos rigor que vosotras. 15Y tú, Cafarnaún, ¿acaso serás exaltada hasta el cielo? ¡Hasta los infiernos vas a descender!
   16"Quien a vosotros os oye, a mí me oye; quien a vosotros os desprecia, a mí me desprecia; y quien a mí me desprecia, desprecia al que me ha enviado Lucas (10, 1-16).


10, 1-2   Designó el Señor a otros setenta y dos


Los sententa y dos discípulos significan el futuro presbiterado. Consta, pues, que así como el número doce de los apóstoles es el comienzo del grado de dignidad episcopal, así también los setenta y dos discípulos, que también fueron enviados por el Señor a predicar la palabra, significaron con su elección el orden del sacerdocio menor, que se llama presbiterado. Por eso, con razón el número de éstos figuró en la última parte del habito sacerdotal, el de aquéllos en la primera. Convenía que los que han de ser mayores por el orden en el cuerpo del Sumo Sacerdote, esto es, en la Iglesia de Cristo, tuvieran figuradamente un lugar más elevado en el habito del pontífice modelo. Beda, Sobre el tabernáculo, 3, 742-751.


10, 3   Yo os envío como corderos en medio de lobos


Los discípulos cumplen las palabras de Isaías. Esto es lo que les dice a esos setenta y dos discípulos, a quienes designó y envió de dos en dos delante de Él. ¿Por qué los envió de dos en dos? Porque de dos en dos, es decir, macho y hembra, habían sido introducidos los animales en el arca; y aunque este número era inmundo por naturaleza, no obstante, había sido purificado por el misterio de la Iglesia... En verdad, estas dos clases de animales [corderos y lobos] son tan enemigas, que una de ellas devora a la otra. Pero el buen pastor hace que su grey no tema a los lobos, y por eso sus discípulos son enviados, no como presas, sino como distribuidores de gracia; pues la solicitud del buen pastor consigue que los lobos no puedan atreverse a dañar a los corderos. Y así envió a los corderos entre los lobos para que se cumpliera aquello de: "Entonces pacerán juntos los lobos y los corderos". Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 7, 44-46.


10, 4-12   No llevéis bolsa ni alforja ni sandalias


Los discípulos dependen del Señor de la mies. Manda que los van a ir a predicar por todas partes la palabra enseñada por Él mismo y a llamar a la salvación a toda la tierra, viajen sin bolsa ni alforja ni sandalias y que vayan con prontitud de casa en casa y de región en región. Y nadie diga que [Cristo] sólo enseñó a sus santos apóstoles a prescindir de las cosas mencionadas. ¿De qué les iba a aprovechar o qué daño les produciría el llevar o no los pies calzados? Con estas palabras ¿quiso enseñarles o que pudieran elegir? Ciertamente esto último, porque les convenía que pusieran en Él toda esperanza de alimento y se acordasen de aquel santo que dijo: "Descarga en el Señor tu peso, y Él te sustentará". En verdad, Él dará a los santos lo que necesitan para vivir. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 62.

10, 14-15   ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti Betsaida!


Rechazo de los setenta. También nos enseña que los que no quieren aceptar el Evangelio, se harán reos de penas más graves que los que creyeron que la Ley se podía violar. Ambrosio, Exposición sobre el Ev. de Lucas, 7, 65.


10,16   Quien a vosotros oye, a mí me oye


Cristo confía a sus discípulos el honor de predicar su doctrina. Considera cuanta autoridad confirió a los santos apóstoles y cómo los honró con las dignidades más sublimes...
"Quien a vosotros oye, a mí me oye; quien a vosotros os desprecia, a mí me desprecia; y quien a mí me desprecia, desprecia al que me ha enviado". ¡Magnífica gloria e incomparables dignidades! ¡Oh regalo digno de Dios! Aunque los hombres habiten la tierra, los viste con una gloria digna de Dios, les confía sus propias palabras para que resistan a cualquiera que se oponga a ellos o se atreva a despreciarlos. Cuando ellos se encuentren en dificultad, afirma que Él mismo lo sufrirá; y los aprobios de la impiedad llegarán a través de Él hasta Dios Padre. Considera, pues, con los ojos de la mente hasta dónde eleva la injuria cometida contra los santos, y cuánta seguridad prevé para ellos, como si una muralla los rodeara. Los muestra terribles y los ha previsto lúcidamente incólumes en todo. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 63.


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Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 243-248
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Condiciones del seguimiento



57Mientras iban de camino, uno le dijo: "Te seguiré adonde vayas". Jesús le dijo: "Las zorras tienen sus guaridas y los pájaros del cielo sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". 59A otro le dijo: "Sígueme". Pero éste contestó: "Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre". 60"Deja a los muertos enterrar a sus muertos -le respondió Jesús-; tú vete a anunciar el Reino de Dios". 61Y otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero primero permíteme despedirme de los de mi casa". 62Jesús le dijo: "Nadie que pone su mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios" Lucas (9, 57-62).

 El aspirante a discípulo, que declara su deseo de seguir a Jesús dondequiera que vaya, muestra su engreimiento al asignarse a sí mismo el honor de ser apóstol, sin reparar en que seguir a Jesús es tomar su cruz. Para que el Hijo del Hombre tenga donde reclinar la cabeza debe ser arrojado el demonio. (Cirilo de Alejandría).
   Los discípulos han de aprender que lo divino prima sobre lo humano, y que las obligaciones humanas no deben entorpecer el camino del seguimiento de Cristo (Basilio de Cesarea). Todos somos llamados a amar a Dios más que a nuestro padre y a nuestra madre (Cirilo de Alejandría). El Señor nos advierte que no debemos volver al diablo o al mundo, después de haber escapado de ellos (Cipriano).


9, 57-62   Tú vete a anunciar el Reino de Dios


Una persona se acercó a Cristo, el Salvador de todos nosotros, diciendo: "Maestro, te seguiré adonde vayas". Pero Cristo rechazó a aquel hombre, diciendo: "Las zorras tienen sus guaridas y los pájaros del cielo sus nidos, en cambio el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza"... Una persona perspicaz debe considerar con agudeza estas cosas. En primer lugar, había una gran ignorancia en esa persona que se acercó y también era excesivamente presuntuosa. Ciertamente no deseaba seguir sin más a Cristo, como otros muchos judíos, sino que sobre todo se abalanzaba sobre las dignidades apostólicas y buscaba tener ese seguimiento, llamándose a sí mismo. El bienaventurado Pablo escribe: "Nadie se atribuye este honor, sino el que es llamado por Dios, como Aarón. En efecto, Aarón no accedió a la consagración por propia voluntad, sino más bien llamado por Dios, y encontramos a cada uno de los bienaventurados apóstoles no promocionados al apostolado por sí mismos, sino que recibieron ese honor de Cristo; así les dijo: "Seguidme y os haré pescadores de hombres". Sin embargo, como he dicho, este hombre se hizo a sí mismo merecedor de dones preciosos de manera imprudente y, sin ser llamado por nadie, se abalanzó sobre cosas superiores a él. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 57.


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Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 240-242
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Los samaritanos rechazan a Jesús


52Y envió por delante a unos mensajeros, que entraron en una aldea de samaritanos para prepararle hospedaje, 53pero no le acogieron porque llevaba la intención de ir a Jerusalén. 54Al ver esto, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: "Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?". 55Pero él se volvió hacia ellos y les reprendió. 56Y se fueron a otra aldea. Lucas (9, 52-56).


9, 52-56   No le acogieron porque llevaba la intención de ir a Jerusalén


Los discípulos enviados a Samaria como actividad preparatoria. ¿Acaso ignoraba el Salvador lo que iba a suceder? Sería falso afirmar tal cosa, porque el Señor, conocedor de todo, sabía que sus mensajeros no serían bien recibidos por los samaritanos. No había duda de ello. ¿Por qué, pues, les manda ir por delante? Porque era su costumbre beneficiar en todo a sus santos apóstoles y de vez en cuando trataba de probarlos... Así sucedió en esta ocasión; realmente sabía que los samaritanos no recibirían a los mensajeros que les iban a anunciar su llegada entre ellos. Pero incluso así, para que fuera provechoso para los discípulos santos, permitió que fueran. ¿Qué pretendía con esta manera de actuar? Al subir hacia Jerusalén, porque se acercaba ya el tiempo de la pasión, tendría que soportar las injurias de los judíos, la irrisión de escribas y fariseos y sufrir esas cosas que le infligirían con extrema violencia y toda crueldad. Por tanto, Jesús no quería que se escandalizaran, cuando le vieran sufrir. Él deseaba que los discípulos fueran magnánimos y no se entristecieran en demasía cuando ellos mismos sufrieran injurias. Hizo que la injuria de los samaritanos al no recibir a los mensajeros fuese como una actividad preparatoria de su pasión... Increpó beneficiosamente a sus discípulos, detuvo con mansedumbre su rapidez para la ira y no permitió que trataran con fiereza a los pecadores, sino más bien les persuadió a la paciencia y a que tuvieran una mente inconmovible en una situación como ésta. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 56.


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Nuevo Testamento, Tomo 3,  p. 240-241
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