Carta a la iglesia de Esmirna


8Al ángel de la iglesia de Esmirna escríbele: "Esto dice el primero y el último, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida: 9Conozco tu tribulación, tu pobreza -aunque eres rico- y la calumnia de parte de los que se dicen judíos y que no son más que una sinagoga de Satanás. 10No temas por lo que vas a padecer: el diablo os va a encarcelar a algunos de vosotros, para que seáis tentados; y sufriréis tribulación durante diez días. Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida".
    11El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Quien venza no será dañado por la muerte segunda. (Apocalipsis 2, 8-11).

2, 8a   Al ángel de la iglesia de Esmirna escríbele

Cristo exhorta a resistir en medio de la persecución. Aquí se refiere a la persecución sufrida por la Iglesia, y a ello alude también el nombre. En efecto, "Esmirna" significa mirra, que designa la mortificación de la carne. Beda, Explicación al Apocalipsis, 2, 8.

2, 8b   El primero y el último

Con su muerte dio muerte a la muerte. El Señor se llama a sí mismo "primero" a causa de la sustancia de la Divinidad, "último" a causa de la humanación y de la economía de la salvación. "Que estuvo muerto", dice, y "ha vuelto a la vida": que llegó hasta la experiencia de la muerte, y en la muerte mató a la muerte. Ecumenio, Comentario sobre el Apocalipsis, 2, 5. 

Rico en la fe y en toda clase de bendiciones. Alaba las obras de su Iglesia, que se dirige al Reino a través de muchas tribulaciones. Prefiere la elegancia de la pobreza, porque vigorosamente desprecia los bienes presentes para merecer los futuros. "Aunque eres rico": rico en la fe, y en la total abundancia de gracias. "Y en las calumnias de los que se llaman judíos sin serlo, y son en realidad una sinagoga de Satanás". La Iglesia soporta muchas veces numerosas injurias de éstos, que confiesan reconocer al Señor y no lo reconcen, sino que su asamblea es congragada por su padre, el diablo. Por eso exhorta a su Iglesia a que no tema a quienes matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer nada más. Apringio de Beja, Tratado sobre el Apocalipsis, 2, 9.

Hay quienes dicen ser judíos, más no lo son. "Conozco tu tribulación y tu pobreza". No está hablando como los infieles judíos, que dicen: "Ayunamos, y tú no lo ves; humillamos nuestras almas, y tú no te das por enterado", sino que dice: "Eres rico como quien tiene a Cristo, el rico protector aunque "se hizo pobre" por nosotros "tomando la forma de siervo" y [recibió] la blasfemia de los falsos judíos. En efecto, Judas es interpretado como "confesión", e Israel como "aquellos que ven a Dios espiritualmente". En consecuencia, los verdaderos judíos y el Israel espiritual son aquellos que confiesan a Cristo. Pues "el judío no consiste en lo que se ve, ni da gloria a Dios la circuncisión en la carne que se ve", como dice Pablo, "sino que el judío está en lo interior y en la circuncisión del corazón", no de la carne. Los judíos que permanecen en la incredulidad se convierten en la sinagoga blasfema capitaneada por Satanás. Ecumenio, Comentario sobre el Apocalipsis, 2, 5.

También moran en la Iglesia falsos cristianos. Habla a toda la Iglesia, que es pobre de espíritu, aunque posea todas las cosas, como dice el Apóstol: "Como quienes nada tienen, aunque posean todas las cosas". "Y eres calumniado de parte de los que se dicen judíos, pero no son más que una sinagoga de Satanás". Aquí también se muestra que no habló solamente a una iglesia determinada, porque no son solamente de Esmirna los judíos calumniadores. Si embargo, es posible que aquí se dé un doble significado de "judíos", ya sea que se refiera a los judíos de fuera, ya sea que se refiera a los judíos de dentro [de la Iglesia], es decir, a los falsos cristianos. En efecto, el nombre de "judíos" es religioso, de ahí que el Apóstol diga: "Es judío el que lo es en su interior, y es circuncisión la del corazón, según el espíritu, no según la letra". Y de nuevo dice: "Nosotros somos la circuncisión, los que servimos en el Espíritu de Dios, y no confiamos en la carne". Y no podemos nosotros mismos abandonar a ésos [en la Iglesia] cuando son llamados también sinagoga de Satanás, cuando sabemos que el Señor nos ha ofrecido un ejemplo de paciencia tolerando a Judas hasta el final. Ticonio, Comentario al Apocalipsis, 2, 9.

2, 10a   No temas por lo que vas a padecer

No temas las torturas de los perseguidores. Se refiere a la futuras tribulaciones y a los males ocasionados por los impíos; y conforta a sus fieles, para que no se atemoricen por las molestias de las persecuciones... Así como en los comienzos de la Iglesia católica, después de la desaparición del mismo apóstol, a quien se le anunciaron estas cosas, perduraban aún los sufrimientos y fueron causadas muchas tribulaciones a la Iglesia, así conocimos lo que iba a suceder cuando llegara el Anticristo. Aunque también ahora sufre con frecuencia mucho por diversos lugares y regiones, debido a los herejes y paganos. Apringio de Beja, Tratado sobre el Apocalipsis, 2, 10.

2, 10b   Sufriréis tribulación durante diez días

Padecimiento presente, futura bendición. "Sin embargo, dice, sufriréis tribulación durante diez días". Si a la luz de la eternidad de la futura bienaventuranza comparáis los males presentes que soportáis, los consideraréis sin duda tan breves, tan rápidamente pasados, como si se tratase de diez días. Por eso dice también el Apóstol: "Estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros". Apringio de Beja, Tratado sobre el Apocalipsis, 2, 10.

Diez representa el transcurso de la vida presente. Mirad que "el diablo os va a encarlar a algunos de vosotros, para que seáis tentados, y sufriréis tribulación durante diez días". Estas palabras se dicen a la Iglesia universal, contra la que el diablo promueve sin cesar arteras maquinaciones; y la razón de que el curso de esta vida se simbolice en los diez días la encontramos en el decálogo, que es un breve resumen de toda la Ley. Pues los preceptos divinos son necesarios allí donde hace falta moderación. Por eso dice el Señor: "Ponte de acuerdo con tu adversario -es decir, con la ley- mientras vas de camino con él en este mundo", o sea, en todo tiempo, cuando se combate contra los diversos estímulos de la concupiscencia, instruido por la ley; para que -refrenados los cinco sentidos corporales, que por el doble sexo se duplican y hacen diez- con la gracia de Dios obtengas la victoria.
   Pienso que otra interpretación de los diez días es reconocer que a lo largo de esta vida no puede faltar a los fieles una triple tentación, pues la vida del hombre sobre la tierra es tentación; y en los siete días que van y vienen sucediéndose, se desenvuelve la vida entera. Incluso nuestro Señor Jesucristo, como Cabeza de la Iglesia, se lee que -no sin permiso tentó el diablo. No obstante, esta pelea espiritual de la Iglesia de Cristo se representa en la figura de la mujer que lucha, cuando dice el Señor a la serpiente: "Pondré enemistad entre ti y la mujer; ella te herirá en la cabeza, mientras tú la herirás en el talón". Se reconoce, es evidente, que en este mundo que transcurre con la evolución de siete días, la Iglesia de Cristo está sujeta a diversas tentaciones, que ocupan un lugar primordial en estos tres vicios sobre todo: el apetito de los placeres carnales y la desenfrenada glotonería de atracones prohibidos. De ahí que el enemigo se empeñara en comprometer al Señor tentándole con lo del pan, como a segundo Adán, ya que propinó la primera bebida mortal cuando persuadió al hombre a que gustara lo que tenía prohibido; y teniéndolo, para empezar, cautivo con el vicio de la glotonería, luego lo tuviera dominado por los otros deseos de la carne. Por otro lado, se permite probar con la tentación de la vangloria cuando le sugiere arrojarse del pináculo del templo, trayendo el testimonio del salmo que dice: "Dará órdenes a sus ángeles sobre ti", etc., igual que lo había sugerido engañando al primer hombre, al decirle: "Seréis como Dios, conocedores del bien y del mal", para hundir al incauto en el deseo de la divinidad concedida. Con audacia le propone una tercera tentación, que expresa la gloria de los reinos de la tierra y la pompa de las riquezas de este mundo, concupiscencia reprobable. Con estas tres tentaciones aplicadas al tiempo de esta vida que se desarrolla en siete días, se cumple el número diez, y por eso se dice: "Sufriréis tentación durante diez días". Primasio, Comentario al Apocalipsis, 2, 10.

2, 10c   Sé fiel hasta la muerte

Los confesores han de ser venerados tanto como los mártires. Ha de prestarse mayor atención y solicitud aún a los cuerpos de todos los que, sin ser atormetados, mueren gloriosamente en la cárcel. El valor y gloria de estos confesores no es menor para que no sean contados entre los bienaventurados mártires. En lo que de ellos depende, sufrieron todo lo que estaban dispuestos a padecer. El que, bajo la mirada de Dios, se ofreció a las torturas y a la muerte, padeció ciertamente todo cuanto aceptó padecer. No ha sido él quien faltó a los tormentos, sino los tormentos los que le faltaron. "Quien me confesare ante los hombres, yo le reconoceré ante mi Padre", dice el Señor; ellos le han confesado. "El que persevere hasta el fin, éste se salvará", añade el Señor; perseveraron y mantuvieron hasta el fin íntegros sin desfallecimiento los méritos de su valor. Y consta en otro lugar de la Escritura: "Sé fiel hasta la muerte, y te daré la corona de vida"; efectivamente, llegaron leales, constantes e inquebrantables hasta la muerte. Cuando se junta a nuestra voluntad y al hecho de confesar a Cristo la muerte en la cárcel, se ha cumplido la gloria del martirio. Cipriano, Cartas, 12, 1, 2.

La Iglesia siempre debe de ser fiel. Estas palabras se refieren a toda la Iglesia. En efecto, también el Apóstol enseña esta manera de entender, cuando habla de Adán y dice: "Adán no fue engañado; pero la mujer, dejándose engañar, incurrió en pecado", y, pasando al lenguaje figurado, se refiere a la Iglesia al ñadir: "No obstante, se salvará por la maternidad, si persevera con modestia en la fe, en la caridad y en la tarea de la santificación". Evidentemente, nadie ignora que estas cosas no se refieren a una mujer, sino a la Iglesia de Cristo. Primasio, Comentario al Apocalipsis, 2, 10.

2, 11   Quien venza no será dañado por la muerte segunda

La gracia de la justificación alcanza su plenitud en la glorificación final. Esto se cumple en ellos mediante una donación; en primer lugar, por medio de la justificación, en la que se resucita espiritualmente, con la que comienza el cambio de la divina promesa, y, después, en la resurrección del cuerpo, en la que tiene lugar la transformación de los justificados, la perfecta glorificación que dura para siempre sin cambio alguno. Por eso allí cambia primero la gracia de la justificación, luego la de la glorificación que dura para siempre sin cambio alguno. Por eso allí cambia primero la gracia de la justificación, luego la de la glorificación, permaneciendo de esa manera inmutable y eterna la glorificación misma. Ciertamente, aquí son cambiados con la primera resurrección, que realiza la primera iluminación por la que son convertidos de la iniquidad a la justicia, de la incredulidad a la fe, de las malas acciones a una vida santa. Por eso la segunda muerte no entraña poder alguno en ellos. De éstos es de quien se dice en el Apocalipsis: "Bienaventurado quien participa de la primera resurrección, pues sobre éste no tiene poder la segunda muerte". También en el mismo libro se ha dicho: "Quien venza no será dañado por la muerte segunda". Lo mismo que la primera resurrección consiste en la conversión del corazón, así también la segunda muerte consiste en el castigo eterno. Se apresura a participar de la primera resurrección quien no desea ser condenado con el castigo eterno de la muerte segunda. Fulgencio de Ruspe, Sobre el perdón de los pecados, 2, 12, 3-4.

Los que superan la tentación. "Quien tenga oídos oiga lo que dice el Espíritu a las Iglesias. Quien venza no será dañado por la muerte segunda". Lo que se dice es muy exacto: todos, tanto justos como pecadores, son partícipes de la muerte primera, que consiste en la separación del alma del cuerpo, para que encuentre cumplimiento la setencia divina: "Eres polvo y en polvo te convertirás". Pero la muerte segunda, la del pecado, que el Señor menciona cuando dice: "Deja a los muertos que entierren a sus muertos", no herirá a los que hayan vencido las tentaciones. Ecumenio, Comentario sobre el Apocalipsis, 2, 50.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Vol. 12,  p. 68-73
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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