la mujer es salvada del dragón



13Cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al varón. 14Pero se le dieron a la mujer las dos alas del águila grande para que volara al desierto, a su lugar, donde es alimentada durante un tiempo, dos tiempos y medio tiempo, lejos de la serpiente. 15Entonces la serpiente arrojó de su boca como un río de agua tras la mujer, para arrasarla con la corriente. 16Pero la tierra ayudó a la mujer: abrió la tierra su boca y absorbió el río que el dragón había echado de su boca. 17El dragón se enfureció contra la mujer y se marchó a hacer la guerra al resto de su descendencia, a aquellos que guardaban los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. 18Y se detuvo sobre la arena del mar (Apocalipsis 12, 13-18).

12, 13   El dragón... persiguió a la mujer

SATÁN ENVIDIA LA SALVACIÓN DE LA HUMANIDAD. Pues no dice esto: "Cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra", inmediatamente "persiguió a la mujer", sino que, desde que el dragón se vio a sí mismo en la mala situación y que había caído su dignidad angélica, se hizo extremadamente cruel contra los hombres y persiguió a la mujer que había engendrado al Salvador de los hombres, para destruirla. "Persiguió a la mujer" porque vio que el que había sido engendrado por ella era demasiado grande para ser apresado; estaba envidioso de los hombres por la salvación [que habían recibido] del Señor, y no soportaba semejante cambio: que él hubiese sido arrojado de los cielos, mientras que los hombres subían al cielo por medio de la virtud. Ecumenio, Comentario sobre el Apocalipsis, 7, 9.

EL ODIO DEL DIABLO NO TIENE LÍMITES. Esto es lo que adujimos anteriormente: el diablo continúa su enemistad ilimitada contra la Iglesia, y cuanto más es excluido al ser vencido, con mayor intensidad intenta multiplicar sus engaños. Primasio, Comentario al Apocalipsis, 12, 13.

EL DIABLO PERSIGUE A LA IGLESIA. Cuando el diablo luchó con Cristo tras su bautismo, fue vencido. Luego, armado contra los santos apóstoles, se vio avergonzado al ver que ellos encontraban vida a través de la muerte. Además fue condenado, igual que una serpiente, a arrastrarse sobre la tierra y a comer polvo: los pensamientos terrenales. Entonces comenzó, a su vez, a perseguir a la Iglesia, pues ella dio a luz y sigue dando a luz al hijo varón de Dios, al pueblo no afeminado por los placeres. Andrés de Cesarea, Comentario al Apocalipsis, 12, 13-14.

MARÍA ESCAPÓ CON LAS ALAS DE ÁGUILA. Pero tampoco la mujer, dice, cayó bajo el poder de Satanás, porque huyó al desierto. Éste es Egipto, como se ha dicho antes. Pues el profeta pedía alas como de paloma para volar y descansar en el desierto. A la Virgen, totalmente pura, se le dieron unas alas poderosas: "De una gran águila", dice. Llama alas de águila a la visitación del santo ángel que urgió a José a que tomase al niño y a su madre y huyese a Egipto. Por esta visita alcanzaron Egipto como con alas de águila. El dragón, habiendo fallado en esta maquinación que había preparado por medio de Herodes, planea otra contra la Virgen: la muerte de su hijo. Consecuentemente, lo que sigue relata la cruz del Señor y su muerte. Ecumenio, Comentario al Apocalipsis, 7, 9.

12, 17   El dragón se enfureció contra la mujer

EL DRAGÓN PERSIGUE A LOS FIELES. Y puesto que el dragón también falló en este segundo plan, ¿qué más le quedaba por hacer? Persiguió a quienes se llamaban hijos y hermanos del Señor -esto es, a los creyentes-, ya que ellos son "de la descendencia" de la mujer. Y es que los creyentes son hijos y hermanos del Señor según dice la Escritura: "Proclamaré tu nombre a mis hermanos". Y de nuevo: "Aquí estoy yo y los hijos que Dios me ha dado". Por lo tanto, ellos pertenecen a la familia de su madre, y el Maligno hizo la guerra contra ellos, persiguiéndolos e intrigando contra ellos, llevándolos a la muerte por medio de los tiranos y gobernantes de la tierra, ya que ellos testifican que el que ha nacido de la Virgen es Dios. Ecumenio, Comentario al Apocalipsis, 7, 9.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 12, p. 266-272
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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un gran combate en el cielo


7Se entabló un gran combate en el cielo: Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón. También lucharon el dragón y sus ángeles, 8pero no prevalecieron, ni hubo ya para ellos un lugar en el cielo. 9Fue arrojado aquel gran dragón, la serpiente antigua, llamado diablo y Satanás, que seduce a todo el universo. Fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él. 10Entonces oí en el cielo una fuerte voz que decía: "Ahora ha llegado la salvación, la fuerza, el Reino de nuestro Dios, y el poderío de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche. 11Ellos lo vencieron por la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron, y despreciaron su vida hasta la muerte. 12Por eso, alegraos, cielos, y cuantos en ellos habitáis. ¡Ay de la tierra y el mar!, porque ha descendido hasta vosotros el diablo, con gran ira, al saber que le queda poco tiempo" (Apocalipsis 12, 7-12).

12, 7-8   Sus ángeles lucharon contra el dragón

EL DIABLO SERÁ ARROJADO DEL CIELO. Éste es el inicio de la venida del Anticristo. Antes, sin embargo, conviene que predique Elías, que lleguen los tiempos pacíficos y, de este modo, después terminados los tres años y seis meses de la predicación de Elías, el Anticristo -así como todos los ángles rebeldes- sea arrojado del cielo, donde tuvo potestad para subir hasta aquel momento. Que el Anticristo surge del infierno, lo dice también el apóstol Pablo de este modo: "Ciertamente vendrá primero el hombre impío, el hijo de la perdición, el adversario, que se elevará sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es adorado". Victorino de Petovio, Comentario al Apocalipsis, 12, 6.

12, 9   Fue arrojado a la tierra

SATÁN CREE QUE ESTÁ HACIENDO DAÑO A DIOS. "Y no hubo más sitio para él en el cielo", para su refugio, o quizás para su morada, y "fue arrojado" hacia abajo, "hacia la tierra". Él, padeciendo esto sensiblemente, o porque había sido expulsado de la dignidad angélica y celestial, se precipitó hacia un modo de sentir terreno. Así pues, como vengándose de Dios por su caída, puesto que no puede hacerle daño, hace daño a sus siervos los hombres, y los tienta para extraviarlos y que se levanten contra Dios, pensando que así injuria a su Señor. Ecumenio, Comentario sobre el Apocalipsis, 7, 5.

12, 10-11   El Reino de nuestro Dios, y el poderío de su Cristo

LOS SANTOS ÁNGELES LLAMABAN HERMANOS A LOS HOMBRES. Los ángeles, mostrando la íntima felicidad que tienen por el destierro de Satanás, cantan un cántico de victoria a Dios, diciendo: "Ahora llegan la salvación y el reino, y brilló el poder de Dios y la autoridad de su Cristo, porque es todopoderoso. Porque, con su ayuda, dice, hemos vencido al enemigo, y se ha ido de nosotros el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante Dios día y noche". ¡Qué gran modestia la de los santos ángeles! ¡Cómo se han convertido en imitadores de su propio Señor! Llaman "hermanos" a los hombres. ¿Y qué hay de extraño [en esto], cuando nuestro común Señor no juzgó indigno llamarles lo mismo diciendo: "Anunciaré tu nombre a mis hermanos; te cantaré en medio de tu Iglesia"? Pero, ¿por qué dicen de Satanás "se ha ido de nosotros"? Porque ha sido privado de su dignidad, y ya no hay sitio para él, para estar delante de Dios y acusar a los hombres. Y nosotros, dice, nos hemos vengado de él en la misma medida, venciendo al que se pensaba invencible hasta el punto de levantarse contra Dios. Vencieron con la preciosa ayuda de la sangre de Cristo, eficaz y bienhechora, y con la palabra del testimonio sobre él, que estimaron más que a su propia vida. Ecumenio, Comentario sobre el Apocalipsis, 7, 7.

12, 12   Alegraos, cielos, y cuantos en ellos habitáis

LAS PRUEBAS PREPARAN A LOS FIELES PARA LA APROBACIÓN. Después de esto, dice: "Alegraos", todos los ángeles de Dios, ahora que habéis sido liberados de la vencindad de Satanás. Y añade: "¡Ay de la tierra y del mar!", porque el diablo ha bajado a vosotros teniendo un gran furor, sabedor de que le queda poco tiempo". Quizás diga alguien: "Si viene el mal a la tierra y al mar con la bajada de Satanás, ¿por qué [se le permite] bajar?". La respuesta es: porque para aquellos que son sobrios y tienen su esperanza en Dios, esto no sólo no será para su daño, sino incluso para su provecho al ajercitarlos como un entrenador, haciéndolos más probados por las tentaciones y forjándolos como hierro. Hace daño, en cambio, a los indolentes y superficiales, los cuales, quizás incluso sin ser hostigados por el tentador, son malos por sí mismos, por haber dejado entrar las pasiones en su naturaleza. Al decir "¡Ay de la tierra y del mar!", no dicen esto de los hombres que habitan la tierra y de los que llenan el mar, sino de los que son tierra y "ceniza", conforme a lo que está escrito, aquellos que son terrenos por su mentalidad, que son caprichosos, que se dejan llevar, los inestables en su criterio. El enemigo común, atacando, esclaviza a los débiles, a los que quieren someterse voluntariamente a su tiranía. "Conociendo -dice- que le queda poco tiempo", poco desde el momento de la caída del diablo hasta su juicio y retribución, si se compara con los siglos sin fin. Ecumenio, Comentario sobre el Apocalipsis, 7, 7.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 12, p. 260-265
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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la mujer con el niño y el gran dragón


19Y se abrió el templo de Dios en cielo y en el Templo apareció el arca de su alianza; y se produjeron relámpagos, fragor de truenos, un terremoto y un fuerte granizo.
   12.1Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, la luna a sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. 2Está encinta y grita al sufrir los dolores del parto y los tormentos de dar a luz. 3Apareció entonces otra señal en el cielo: un gran dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. 4La cola arrastró una tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó a la tierra. El dragón se puso delante de la mujer, que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera. 5Y dio a luz un hijo varón, el que va a regir a todas las naciones con cetro de hierro. Pero su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. 6Entonces la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios, para que allí la alimenten durante mil doscientos sesenta días (Apocalipsis 11, 19-12, 6).

11, 19   Relámpagos, fragor de truenos, un terremoto y un fuerte granizo

"Se abrió el templo de Dios que está en el cielo": es la aparición de nuestro Señor. El Templo de Dios es su propio Hijo, como Él mismo dice: "Destruid este templo y en tres días lo levantaré"; y, al replicarle los judíos: "En cuarenta y seis años ha sido edificado -dice el evangelista-: Él hablaba del templo de su cuerpo". "[Y apareció] el arca de la alianza", es decir, la predicación del Evangelio y el perdón de los pecados y todas las cosas que han llegado con Él; esto es lo que dice que apareció. Victorino de Petovio, Comentario al Apocalipsis, 11, 6.

12, 1   Una mujer vestida de sol

Con "la mujer vestida de sol" se indica de la manera más clara a la Iglesia que, llevando puesto el Logos del Padre, respladece más que el sol; al decir "la luna bajo sus pies" indica que está adornada, como la luna, de luz celeste; con las palabras "sobre su cabeza una corona con doce estrellas" se refiere a los doce apóstoles, que constituyen el fundamento de la Iglesia. Hipólito de Roma, Sobre el Anticristo, 61.

12, 2   Grita al sufrir dolores de parto

"Está encinta y grita al sufrir los dolores del parto y los tormentos de dar a luz" significa que la Iglesia no cesa de engendrar en su corazón el Logos, aunque sea perseguida en el mundo por los infieles. Hipólito de Roma, Sobre el Anticristo, 61.

12, 3   Un gran dragón rojo

Por lo demás, respecto a lo que se dice que era "de color rojo", esto es, de grana: este color se le dio al fruto de sus obras; pues "desde el principio fue homicida" y por doquier oprimió a todo el género humano, no sólo con el débito de la muerte, sino también mediante muchas calamidades. "Las siete cabezas" son siete reyes romanos, de los que forma también parte el Anticristo... "Los diez cuernos" son los diez reyes que habrá en los últimos tiempos. Victorino de Petovio, Comentario al Apocalipsis, 12, 3.

12, 4a   La cola arrastró una tercera parte de las estrellas

Aquel dragón grande, de color rojo, astuto, de muchos miembros, con siete cabezas y diez cuernos, que arrastró con su cola la tercera parte de los astros, emboscado para devorar al hijo de la mujer que iba a dar a luz, es el diablo, que está perpetuamente en acecho para mancillar el espíritu de Cristo en los bautizados y destruir en ellos la imagen y los refulgentes caracteres del Verbo. Sin embargo, ¡vanos conatos! Todas sus esperanzas de hacer presa en ellos salen fallidas, porque los recién nacidos son arrebatados a lo alto y presentados por los ángeles ante el trono del Altísimo. Y ¿qué quiere decir esto? Que el corazón y el alma de los regenerados, instruidos por la Iglesia para meditar las cosas del cielo, se elevan a lo alto y vuelan en torno al solio divino, base inquebrantable de la verdad, para no ser envueltos en los engaños del astuto dragón, que se ríe de ellos e intenta sumirlos en el abismo. Mas nada puede éste contra los que mantienen sus espíritus elevados enérgicamente hacia lo alto, fijando su mirada en los bienes celestiales. Las estrellas que con su cola arrastra el astuto dragón y precipita a la tierra, son las perversas sectas heréticas. Y aquellas estrellas tenebrosas y obscuras derribadas de los abismos, justamente dirías que son los tenebrosos conventículos de los heterodoxos, que se jactan de poseer la ciencia de las cosas divinas, de creer en Cristo y tener en los cielos sus moradas, viviendo entre los astros como si fueran hijos de la luz. Pero, enlazados en la tortuosa cola del dragón, son precipitados al abismo por no haberse mantenido dentro de la fe y la religión de la excelsa Triada, rechazándola fuera del culto ortodoxo de Dios. De donde se les ha llamado tercera parte, por ser sus errores contra uno de los números de la Trinidad beatísima. Unos van contra el Padre omnipotente; otros contra el Hijo, como Artemas y los que dijeron que era un mero fantasma de carne aparente y ficticia; otros, en fin, contra el Espíritu Santo, como los ebionitas, que sostuvieron que los profetas hablaban por propio impulso, sin inspiración alguna. Pues a Marción, Valentín, los discípulos de Elceseo y otros vale más no mencionarlos. Metodio, El banquete, 8, 10.

12, 4b   El dragón se puso delante de la mujer  

"El dragón rojo que está de pie, esperando devorar al hijo, apenas la mujer lo haya dado a luz" es el diablo, es decir, el ángel rebelde que pensaba que, por la muerte, podía alcanzar la destrucción a todos los hombres por igual. Pero aquél que no había nacido de semen de varón, no debía nada a la muerte; por eso, [el dragón] no pudo devorarlo, es decir, destinarlo a la muerte. Ciertamente se había acercado a él, para tentarlo como a un hombre, pero, como hubiese descubierto que no era el que pensaba, "se separó de él -dice- hasta el tiempo propicio". Victorino de Petovio, Comentario al Apocalipsis, 12, 2.  

12, 5   Dio a luz un hijo varón, el que va a regir a todas las naciones

"Y dio a luz un hijo varon -se dice-, que va a regir a todas las naciones", el Cristo hombre y perfecto Hijo de Dios, Dios y hombre, que los profetas anunciaron y que la Iglesia, engendrándolo de continuo, muestra a todas las gentes. La expresión "pero su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono" indica que es rey del cielo, no terreno, a quien ella engendra de continuo, como David había anunciado anticipadamente, al decir: "Dijo el Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies". Hipólito de Roma, Sobre el Anticristo, 61.

12, 6   La mujer huyó al desierto

La mujer que dio a luz en los corazones de los fieles al Verbo varón y se retiró al desierto intacta e ilesa de las iras de la infernal serpiente, es, como hemos explicado, nuestra madre la santa Iglesia. Y el desierto donde ella se retira y donde se alimenta por espacio de mil doscientos sesenta días es el verdadero desierto poblado de todos los males, estéril e infecundo, de difícil acceso y de casi imposible tránsito para el vulgo; pero para los santos es el lugar fecundo, de opulenta vegetación y amenísima flora, que invita a ser recorrido de una parte a otra, desbordante de vida y saturado con los perfumes de la divina sabiduría; es, sin duda, este bello parque de Arete, en que nos encontramos, cubierto por tan expléndida vegetación y embalsamado con aromas tan exquisitos, porque allí "se ha levantado el austro, allí ha soplado el cierzo, llenándolo con el olor de sus esencias"... Los mil doscientos sesenta días durante los cuales nos detenemos en este desierto son, ¡oh vírgenes!, el conocimiento exacto y sublime del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, con el que crece, se regocija y se alegra nuestra madre en este tiempo hasta que lleguen los grandes festejos de la restauración de las nuevas edades en los cielos, cuando ya no contemple por raciocinio escueto el ser de Dios, sino que, admitida en compañía de su Esposo, Cristo, a lo más interior de la divinidad, la vea clara y distintamente. El guarismo de 1.000, que se descompone en diez centenas, contiene, por este hecho, un número perfecto. Es, pues, un símbolo del Padre, que ha creado por sí mismo y conserva en sí mismo el universo todo. La cantidad de 200 se compone de dos números perfectos, y así resulta un símbolo del Espíritu Santo, que nos proporciona un conocimiento del Padre y del Hijo. Finalmente, 60 contiene seis veces la decena, viniendo a ser un símbolo de Cristo, pues el número seis procede de la unidad y se compone de sus propias partes, de suerte que nada le sobra ni le falta. Descompuesto, en efecto, en sus partes, vuelve a completarse. A saber, si el número seis se divide por diversas formas en partes iguales, al juntarlas, vuelve a resultar la misma cantidad. Dividido, ante todo, por 2, da el número 3; y dividido por 6, da el número 1; es decir, que dividido por 2, da 3; dividido por 3, da 2, y dividido por 6, da 1; juntando ahora de nuevo 2, 3 y 1, resulta otra vez el número 6 completo. Sin duda alguna es perfecto aquello que no tiene necesidad de otro para estar completo y que jamás redunda fuera de sí mismo... El número 6 se ha relacionado con el Hijo de Dios, que, descendiendo de la plenitud de su divinidad, vino a la vida terrestre, y luego, despojándose de la forma de esclavo que había tomado, quedó restablecido en toda su plenitud y grandeza, sin haber padecido disminución en su ser perfecto... Venida a este desierto estéril e infecundo, como antes lo describimos, se alimenta en él la Iglesia y se provee de alas, llamadas por el Verbo alas de águila para el gran vuelo de la virginidad. Ha vencido ya a la infernal serpiente y ha disipado las nubes negruzcas del plenilunio. Metodio, El banquete, 8, 11-12.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 12, p. 242-258
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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la séptima trompeta


15Tocó la trompeta el séptimo ángel. Y resonaron fuertes voces en el cielo: "El reinado en este mundo es ya de nuestro Señor y de su Cristo, que reinará por los siglos de los siglos". 16Entonces los veinticuatro ancianos, que se sientan en sus tronos en la presencia de Dios, se echaron rostro en tierra y adoraron a Dios, 17diciendo:
   "Te damos gracias, Señor Dios omnipotente, el que es y el que era, porque has ejercido tu inmenso poder y has comenzado a reinar. 18Las naciones se habían encolerizado, pero llegó tu ira y el tiempo de ser juzgados los muertos, y de dar la recompensa a tus siervos, los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, pequeños y grandes, y de exterminar a los que destruyen la tierra" (Apocalipsis 11, 15-18).

11, 15   Tocó la trompeta el séptimo ángel

Una vez que la visión, a modo de digresión, ha explanado las cosas [que se harán] contra los dos testigos o profetas, y todas las cosas que ocurrirán en torno a ellos, vuelve a lo que se dijo antes y [al punto] de donde partió. Partió de la futura retribución de los santos, [diciendo] que procederían más de los gentiles que de Israel, y que quienes habían agradado a Dios en la Nueva Alianza eran más que en la Antigua. Y dijo que, al tocar el séptimo ángel la trompeta, "hubo voces en el cielo que decían" que el reino de este mundo ha pasado "a nuestro Dios y a su Cristo". Pues Dios reina siempre, y no ha comenzado ni terminará de reinar en el cielo y en la tierra sobre las cosas visibles e invisibles que hay en ellos, sino que es el Dueño Y Señor de todas sin principio ni fin. Pero, puesto que también los hombres han sido reyes, de algún modo, Dios tuvo sobre la tierra a algunos que correinaban con él; una vez que se disuelva el reino de los hombres sobre la tierra al acabar el presente siglo, sólo Dios reinará. Por esta razón se dice que el reino de este mundo ha pasado "a Dios y a su Cristo", disueltos y cesados los hombres que reinan en la tierra y los demonios que tiranizan. Ecumenio, Comentario sobre el Apocalipsis, 6, 17.

11, 16-18   Los veinticuatro ancianos... se echaron en tierra y adoraron a Dios

Habla del principio y del fin. Al decir "has comenzado a reinar y las naciones se han encolerizado", se refiere a la primera venida, cuando con su nacimiento "el rey Herodes se inquietó, y con él toda Jerusalén". En cambio, la "ira" en el juicio se refiere al tiempo de la segunda venida... "Mira -dice-, en seguida llega el tercer ¡ay!". Por el sonido de la trompeta del séptimo ángel no se refiere sino a la Iglesia, que alaba al Señor y con el sonido de la trompeta da gracias incesantes. De ahí que entendamos que la remuneración de los buenos no tiene lugar sin el castigo de los malos. "Para dar -dice- la recompensa a tus santos y exterminar a los que destruyen la tierra", es decir, para dar los premios de sus méritos a los justos y a los malos lo correspondiente por sus hechos perversos. Todo el que ha corrompido el templo del Señor que hay dentro de él, o sea la Iglesia del cuerpo de Cristo en el bautismo, sin duda sufrirá la corrupción, como dice el Apóstol: "Si alguno destruye el templo de Dios, Dios le destruirá a él". Ticonio, Comentario al Apocalipsis, 425-431.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 12, p. 238-240
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Marcelo Merino Rodríguez

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