el evangelio eterno


6Y vi a otro ángel que volaba en lo alto del cielo, llevando un evangelio eterno para anunciarlo a los que habitan en la tierra, y a toda nación, tribu, lengua y pueblo, 7y diciendo con voz fuerte: "Temed a Dios y dadle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio. Adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas" (Apocalipsis 14, 6-7).

14, 6   Ángel que volaba en lo alto del cielo, llevando un evangelio eterno

LA LEY DEL EVANGELIO ETERNO. No parece razonable que Moisés haya escuchado de Dios lo que se contó en la ley del Levítico, sino que el pueblo escuchase de Moisés en el Deuteronomio y aprendiese de Moisés lo que éste no había escuchado de Dios. Precisamente por eso el Deuteronomio ha recibido el nombre de segunda ley. Algunos han pensado que cuando cesó la primera ley, dada por medio de Moisés, parece que se formó una segunda legislación, confiada especialmente por Moisés a Josué, su sucesor. Éste último simboliza, me parece a mí, a nuestro Salvador, cuya segunda ley, es decir, los preceptos del Evangelio, lleva todas las cosas a su perfección; sin embargo, también debemos ver si las Escrituras no indican lo que sigue: lo mismo que el Deuteronomio promulgó una legislación más concreta y clara que la que había sido redactada anteriormente, así también, en comparación con la venida del Salvador, lo que le acompañó en la humildad, cuando tomó la forma de esclavo, no se refería a la segunda venida más clara y gloriosa, en la gloria del Padre, y así se realizará la imagen que da el Deuteronomio, cuando todos los santos vivan en el reino de los cielos conforme a las leyes de este evangelio eterno. Lo mismo que su venida aquí abajo ha cumplido la ley, que era una sombra de los bienes futuros, así también en la otra venida gloriosa realizará y llevará a su perfección la sombra de esa venida. Esto es lo que el profeta dice de Él: "Nuestro aliento es el Ungido del Señor, de quien hemos dicho: Bajo su sombra viviremos entre las naciones". Ya que Él transferirá a todos los santos de una manera más digna desde el evangelio temporal al evangelio eterno, conforme el nombre que le da Juan en el Apocalipsis. Orígenes, Sobre los principios, 4, 3, 12-13.

14, 7   Temed a Dios en el Apocalipsis

LA PREDICACIÓN CRISTIANA FAMILIARIZA AL OYENTE CON EL FIN. Aunque sabemos que desde el principio de la fe cristiana se dice que el reino de los cielos está cerca, sin embargo aquí anuncia que la hora de su juicio está para llegar ya de forma inminente; por eso adelanta que es necesario mostrar a todos este mensaje, como dice el Señor: "Se predicará este evangelio del reino en todo el mundo..., y entonces vendrá el fin". Y para mostrar que se cumple el tiempo en que tendrá lugar la prueba de la última persecución, más bien añade -como quien dice que hay que hacer poco caso del poder transitorio de la bestia- que a quien hay que temer es al Señor, del que todas las criaturas menciona, confiesan que es eterno. Primasio, Comentario al Apocalipsis, 14, 7.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 12, p. 305-306
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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