la séptima copa


17El séptimo vertió su copa en el aire, y salió del templo, desde el trono, una voz que decía: "¡Ya está hecho!". 18Hubo relámpagos, estampidos de truenos, y se produjo un gran terremoto como nunca existió desde que hay hombres sobre la tierra: ¡tan grande fue el terremoto! 19La gran ciudad se partió en tres trozos, y las ciudades de las naciones se derrumbarón. La gran Babilonia fue recordada ante Dios para darle a beber la copa del vino del furor de su ira. 20Todas las islas desaparecieron, y de los montes no se encontró rastro. 21Y un pedrisco con granizos como de un talento de peso cayó del cielo sobre los hombres, que prorrumpieron en blasfemias contra Dios por el azote del granizo: ¡era una plaga tremenda! (Apocalipsis 16, 17-21).

16, 17-18   ¡Ya está hecho!

EL CUMPLIMIENTO DE LA VOLUNTAD DE DIOS. "Vertió la copa" en el aire: "una voz"dijo: "Está hecho". ¿Qué está hecho? El mandato, esto es [el mandato] de Dios y su voluntad. Dicho esto, vinieron del aire "relámpagos y voces": "relámpagos" de lo alto, y "voces" de los que estaban en la tierra por el espanto de los relámpagos. "Y truenos y un terremoto". O llama terremoto a la agitación de la tierra, pues esto también está en los signos del fin, o llama terremoto a la transformación de las cosas visibles, conforme a lo que se dice por Ageo: "Una vez más, haré temblar no sólo el cielo, sino también la tierra y el mar y el desierto, y haré temblar a todas las gentes". Por esta razón, es descrito diciendo que es [un terremoto tal] como nunca existió. Ecumenio, Comentario sobre el Apocalipsis, 9, 7. 

16, 19   La gran ciudad se partió en dos trozos

TODAS LAS CIUDADES SUCUMBIRÁN CORROMPIDAS POR EL PECADO. A Jerusalén se refiere "la gran ciudad", y de aquí es claro que contrapone ésta a "las ciudades de las naciones", pues es costumbre en la Sagrada Escritura llamar naciones al resto de los hombres fuera de Israel. La llama grande a causa de su fama. Todas "las naciones han caído", pues, al ser transformada la tierra y convertirse en nueva, ¿cómo podría suceder que se mantuviesen en pie las ciudades que estaban en ella, habiendo sido ensuciadas por haberlas habitado los pecadores? Y, dice, "la gran Babilonia fue recordada ante Dios para darle a beber la copa del vino del furor de su ira". En un pasaje anterior se dice: "Y le siguió un segundo ángel, diciendo: cayó, cayó la gran Babilonia". En el presente pasaje nos está hablando de otra Babilonia, y nos da a entender que no se está refiriendo a ésta, sino a otra. Pienso que está hablando de Roma y de las cosas que entonces caerán sobre ella, como describe la narración. Por esta razón dice: "Y la gran Babilonia fue recordada ante Dios", esto es, se hizo memoria delante de Dios de sus antiguos pecados, cuando perseguían y mataban a los santos. Ecumenio, Comentario sobre el Apocalipsis, 9, 7.

16, 20   Las islas desaparecieron

LOS ESCUADRONES DE DEMONIOS SERÁN ANIQUILADOS. Las Iglesias de las naciones son llamadas islas, como dice el profeta: "El Señor reinó; gócese la tierra; que se alegren las muchas islas". Son llamadas islas por haber levantado la cabeza y haber superado la idolatría, amarga y salobre. Según otro simbolismo, alguien podría entender que las islas son impuros escuadrones de demonios, como ocupados en esta acre y turbulenta vida. En cuanto a referirse a las montañas como demonios, también lo hace el bienaventurado salmista cuando canta: "Se derriten como cera los montes ante el rostro del Señor que viene". Por lo tanto, el relato nos dice que entonces se habrán marchado los escuadrones de los demonios y habrán desaparecido. Pero ¿dónde huirán del rostro de Dios los desgraciados, si "en su mano están los confines de la tierra", "y midió el cielo con su palmo y la tierra con la palma de su mano? Los golpeados con las plagas en vano intentarán huir o escapar. Después de estos acontecimientos y ante una tormenta tan violenta, los hombres deberían haber vuelto a las oraciones y a las súplicas, pues podían cesar todos estos signos contra ellos. Pero ellos todavía renegaron de Dios, y por esta razón se incrementarán sus tormentos. Ecumenio, Comentario sobre el Apocalipsis, 9, 7.

16, 21   Un pedrisco con granizos

TANTO EL PECADO COMO SU CASTIGO. En el granizo se simboliza la ira de la venganza [de Dios], de la que leemos: "Por mi ira habrá un enorme aguacero". El Señor pretende defender a los suyos, cuando dice por medio del Apóstol [Pablo]: "[Jesús] nos libra de la ira venidera". No sin razón recuerda el Señor el peso de un talento, puesto que el castigo inflingido en cada persona se debe a la equidad del juicio de Dios, correspondiente a los distintos pecados. Entre los griegos, el talento se relaciona con un determinado peso, mientras que entre los romanos es distinto el peso. En realidad, unas cosas son pecado, otras castigos y otras ambas cosas a la vez... En este pasaje, la venganza de Dios mediante granizo se reconoce como pecado y como castigo del pecado, por el cual los impíos se encuentran tan ciegos que no se dan cuenta de las correcciones e incluso por los mismos castigos se hacen peores y más necios. Primasio, Comentario al Apocalipsis, 16, 21. 

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 12, p. 349-351
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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la sexta copa


12El sexto vertió su copa sobre el gran río Éufrates y se secaron sus aguas, de modo que quedó preparado el camino a los reyes de oriente. 13Entonces vi tres espíritus impuros como ranas que salían de la boca del dragón, de la boca de la bestia y de la boca del falso profeta. 14Son espíritus demoníacos que hacen prodigios y se dirigen a los reyes de todo el orbe, con el propósito de reunirlos para la batalla del gran día del Dios omnipotente. 15Mirad que vengo como un ladrón. Bienaventurado el que esté vigilante y guarde sus vestidos, para no andar desnudo y que le vean sus vergüenzas. 16Y los reunió en un lugar que se llama en hebreo Harmagedón (Apocalipsis 16, 12-16).

16, 12   El gran río Éufrates

QUEDA EXPEDITO EL CAMINO HACIA LA GUERRA. El sexto ángel hizo transitable el río Eufrates, quizás secando algunas de sus fuentes, quizás para que hubiese a través de él un camino expedito para los reyes; por la actuación del diablo y la permisión de Dios, muchos reyes se reunieron para hacerse la guerra entre ellos. Pues el Señor dijo... que "habría guerras en torno al tiempo de la consumación". Ecumenio, Sobre el Apocalipsis, 9, 5.

CRISTO VIENE A JUZGAR. "Se secaron sus aguas, de modo que quedó preparado el camino a los reyes de oriente", es decir, para Cristo, de quien leemos: "Éste es el hombre cuyo nombre es Oriente", y se prepara el camino para quien ha de venir a juzgar. Por otra parte, con el nombre del río Éufrates, como con [los términos] mar, ríos, fuentes de aguas, sol, trono de la bestia, sobre los que se dice que los ángeles han vertido sus vasijas, designan a los hombres impuros. Su agua ha sido secada, o sea, ya no se encuentra en ellos de vigor que no sea pasto del fuego del juicio que se acerca; lo mismo que se dice antes acerca de la mies que fue cosechada en su madurez y de la vendimia, así también aquí se dice metafóricamente que el agua del río se secó, puesto que ya no contenía nada vivo, sino que todo había sido exterminado por el fuego del juicio divino, por el cual también son consumidos los impíos como heno y los santos como oro. Primasio, Comentario al Apocalipsis, 16, 12.

16, 13   Tres espíritus impuros como ranas

LOS DEMONIOS COMO RANAS. Llama "dragón" al diablo, el comienzo del mal; "falso profeta" a algún otro que profetiza, como se deja entender, por la operación del diablo, o al Anticristo. Si realmente se refiere al Anticristo, al que presentó en lo que antecede como destruido por el espíritu del Señor, y ahora [lo presenta] como viviente -ya que arroja demonios por su boca-, no te sorprendas de encontrarlo de nuevo. Pues estas cosas son vistas en una visión, y muchas veces las primeras son mostradas las últimas al Evangelista y, viceversa, las últimas [son mostradas] las primeras. "Vi tres espíritus" -dice- como ranas. Son espíritus demoníacos que hacen prodigios y se dirigen a los reyes". Compara a los demonios con las ranas, porque se alegran con la vida embarrada y cenagosa de los hombres; también porque la vida sensual y disoluta de los pecadores les gusta más que la vida austera y recta de los justos, ya que son muy envidiosos y se alegran con la muerte de los vivientes. Ecumenio, Comentario sobre el Apocalipsis, 9, 5.

16, 14   Espíritus demoníacos que... se dirigen a los reyes de todo el orbe

CAUTIVA DE LAS SUPERSTICIONES. En efecto, éstos [los espíritus demoníacos] realizarán prodigios para ser creídos, como también hicieran los magos del Faraón. No si razón recuerda el hecho de la mención de las ranas, así pudo profetizar que los ministros de Satanás realizarían prodigios similares. Porque, hasta el signo de las ranas, a los magos se les ha permitido prevalecer por medio de sus encantamientos. "Se dirigen a los reyes de todo el orbe con el propósito de reunirlos para la batalla". Esto no significa que se reunan de todo el orbe en una asamblea, sino que cada nación, hecha cautiva, en el lugar donde habita, con sus propias supersticiones, desea servir en el ejército [de Satanás]... El "día del Señor" debe ser interpretado según la diversidad de situaciones. A veces, se refiere a todo el tiempo de la pasión del Señor; a aquellos que serán condenados en el juicio final, y ahora se dice que serán reunidos, como si quisiera decir preparados. En otras ocasiones, el "día del Señor" conviene entenderlo como el mismo día del juicio, y en otros momentos, la frase se refiere al tiempo de la persecución, en cuyo caso es claro que tales hombres serán reunidos durante todo el tiempo de la presente vida. Ticonio, Comentario al Apocalipsis, 16, 14.

16, 15   Mirad que vengo como un ladrón

QUE EL PECADO NO MANCHE LA VESTIDURA DEL BAUTISMO. También dice el Apóstol [Pablo]: "Vendrá como un ladrón en la noche"... "Todos los que fuisteis bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo, dice [el Apóstol]. Pienso que aquí encomienda que se guarden inmaculados los vestidos, de manera que no sean rotos con un nuevo baustismo, ni, rasgados, se manchen con los pecados. En ambos casos, ciertamente, se descubre la maldad de los prevaricadores, la cual puede evitar la perseverancia de una mayor vigilancia. Ticonio, Comentario al Apocalipsis, 16, 15.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 12, p. 343-348
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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la quinta copa


10El quinto vertió su copa sobre el trono de la bestia, y su reino quedó en tinieblas y se mordían las lenguas de dolor. 11Blasfemaron contra el Dios del cielo a causa de su dolor y de sus llagas, pero no se arrepintieron de sus obras (Apocalipsis 16, 10-11).

16, 10-11   Se mordían las lenguas de dolor

CUANDO EL SEÑOR VENGA CON SU GLORIA. La copa del quinto ángel, dice, fue vertida "sobre el trono de la bestia, y su reino quedó en tinieblas". Sobre el Anticristo, escribió el Apóstol: "A quien el Señor exterminará con el soplo de su boca", e Isaías: "Sea destruido el impío para que no vea la gloria del Señor". Llama gloria a la venida gloriosa del Señor. Lo que se dice -que fue vertida la copa "sobre el trono de la bestia"- indica que la impía tiranía del Anticristo llegará a su fin, que será destruido por la misericordia de Dios, y que la oscuridad se apoderará de todos los que se sometieron a causa del inesperado castigo del maldito. Ellos padecerán el oscurecimiento de sus razonamientos, angustiados por lo que ha acontecido. "Y -dice- que se mordían las lenguas" por el fuego. Esto sucede con frecuencia en las gravísimas aflicciones, cuando [la gente] suele morder sus lenguas o una parte de sus cuerpos, pensando que así aliviará lo peor de sus dolores. También estos debían haberse convertido, aunque no fuese por otra cosa más que por la destrucción del Anticristo a quien se entregaron como a rey y dios. Por ellos, en cambio, a causa de la destrucción del malvado, blasfemaron contra quien es realmente Dios. Ecumenio, Comentario sobre el Apocalipsis, 9, 3.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 12, p. 341-342
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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